¿Cómo fue tu primera experiencia en CDMX y qué te sorprendió?
No fue la mejor: le erré a la zona donde quedarme, y en CDMX eso define mucho cómo vivís la ciudad.
Lo que más me sorprendió fue la escala de todo, es otro formato al que no estamos tan acostumbrados, y por supuesto la gastronomía. Hoy es mi ciudad favorita para comer, junto con Madrid. La diversidad y la identidad de la cocina mexicana la hacen única; si te gusta comer, México es una verdadera meca.

¿Cómo evolucionó la ciudad desde que empezaste a ir?
Estoy fascinado con CDMX y con cómo ha evolucionado hacia una ciudad mucho más abierta y cosmopolita. Ya está consolidada como el hub empresarial global de Latam y, en paralelo, sigue creciendo con fuerza la inversión en cultura, infraestructura y entretenimiento. Todo eso la convierte en una ciudad muy atractiva para vivir y hacer negocios
¿Cuáles son las principales diferencias culturales al hacer negocios?
Esto me costó, pero lo entendí. México no funciona con una lógica puramente transaccional como EEUU, ni con la informalidad típica de otros mercados de Latam. Es un punto intermedio que exige leer bien las situaciones y a las personas, y a lo cual hay que sumarle una gran cuota de paciencia. Llegar cuesta, pero una vez adentro, la diferencia que generás es exponencial.
¿Qué sectores ves más activos/prometedores?
Veo una oportunidad enorme en todo lo que combine datos y tecnología para transformar modelos de negocio todavía muy analógicos. En un mercado como México, ese mix tiene un potencial enorme: si la solución tracciona y está bien ejecutada, la escala del mercado hace el resto.
Al final, en México no importa solo el sector, sino a qué escala lo jugás.
¿Cómo son los tiempos de negociación?
Son más largos de lo que uno suele estar acostumbrado y rara vez se cierra algo en las primeras reuniones. Las primeras dos o tres sirven más para entender si vale la pena explorar la oportunidad que para negociar en serio.
Hay algo clave que aprender: al mexicano muchas veces le cuesta decir que no. Saber leer eso es fundamental para no confundirse en el proceso.
¿Qué errores comunes cometen los empresarios que van por primera vez?
En CDMX hay tres cosas que siempre se subestiman. Las dos primeras: el tráfico y el picante.
La tercera es salir de la primera reunión creyendo que ya vendiste algo.
¿Cuál es tu mejor consejo para cerrar un buen negocio en CDMX?
Tengo mis tres reglas de oro para México que aplican a cualquier profesión e industria: llegar cuando tu empresa esté realmente lista para jugar a esa escala; invertir en estructura local o partners sólidos que te ayuden a entender el mercado; y estar presente de verdad, viajando con constancia y no por impulso. Mi mayor error fue abrir operaciones de Bunker sin entender eso. México te cobra caro la improvisación. Después de pagar ese peaje, todo cambió y hoy es el principal mercado para Bunker.
¿En qué zona conviene alojarse?
Depende mucho de dónde sean las reuniones. Polanco, Reforma, Condesa , Lomas y Santa Fe para mi son las zonas más comunes. Mi favorita es Polanco y de ser posible cerca de la calle Masaryk.
¿Cómo manejarse con el transporte?
Uber o chofer. El tráfico es el principal responsable de romperte toda la agenda. Ideal no más de tres o cuatro reuniones por día y dejar un margen mínimo de 1 hora entre reunión y reunión.

¿Cuántos días mínimo recomendás quedarse para que valga la pena el viaje?
Al menos tres o cuatro días si están bien planificados; menos que eso y yendo desde Uruguay, no creo que rinda mucho.
Tip: aprovechar las cenas; amplían considerablemente las oportunidades de éxito del viaje.
¿Cómo son los mexicanos para los negocios?
Al principio me costó entenderlos; hoy me caen muy bien. Son respetuosos, preparados y profesionales, pero hay que aceptar que juegan a otro ritmo. Por otro lado, la relación personal es central y lleva tiempo entrar, y aceptar que al comienzo no te dicen todo de frente. Lo que más valoran es la confianza. Cuando eso aparece, todo cambia y las relaciones (y los negocios) empiezan a fluir de verdad.
¿Qué códigos hay que respetar sí o sí?
Hay que respetar las jerarquías y hacer el recorrido interno. No apurar las cosas, no saltear interlocutores y entender con quién estás hablando en cada etapa. En México, leer bien la mesa y construir confianza vale más que cualquier argumento o propuesta comercial.
¿Las reuniones suelen ser formales o informales?
Suelen empezar formales y, si todo va bien, se vuelven más informales con el tiempo. La primera reunión es para ubicarse: quién es quién y dónde estás parado. En las siguientes empezas ver qué se puede construir.
Si después de un par de encuentros todo sigue igual de formal y no se rompe ese umbral de confianza, debes considerar que probablemente no haya negocio
¿Qué tan importante es el almuerzo/cena en el proceso de negocios?
Es clave. Muchos de mis mejores acuerdos se destrabaron en algún almuerzo o cena y especialmente en lo que se conoce como los “viernes chilangos”. Ahí siempre se baja la guardia y aparecen conversaciones más genuinas y descontracturadas. Son charlas que no están en la agenda, pero que muchas veces terminan definiendo los contratos.
¿Plato típico que hay que probar obligatorio?
Es difícil elegir, así que voy a la segura: tacos. Pero solo si son de La Once Mil La Bonvi.
Bonus, postre de coco y mango de mi restaurante favorito llamado Carmela y Sal.

¿Un lugar que recomendás para una cena de negocios?
Mis top 5 en este momento: Carmela y Sal, Máximo, Ryoshi, Contramar y Entremar.
¿Algo que hacer si te queda tiempo libre?
Caminar por Condesa, Roma o Polanco y recorrer ferias gastronómicas.
¿Una anécdota?
Fue en una cena con un cliente (que hoy es amigo) en donde quise hacerme el valiente y subestimé el poder del chile habanero. En cinco segundos estaba entre lágrimas y sudor, arruinado, reflexionando sobre mis límites como ser humano. Tardé entre 10 y 15 minutos en volver a la normalidad.





