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Vacunas veterinarias, vehículos eléctricos y parlantes de alta gama: emprendedores que eligen el camino difícil de fabricar en Uruguay.
08 07, 2026
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Rizzi Acoustics ofrece equipamiento de audio Hi-Fi premium y de diseño.

Nota por Bernardo Lapasta

Mientras gran parte del ecosistema emprendedor uruguayo se inclinó hacia el software, las fintech o los servicios digitales, una nueva camada de fundadores eligió un camino complejo: fabricar productos físicos desde Uruguay para venderlos al mundo. Vacunas veterinarias, vehículos eléctricos y parlantes Hi-Fi premium son algunos de los desarrollos desde Montevideo hacia mercados internacionales.

La apuesta implica desafíos que van mucho más allá de vender una idea: burocracia, plantas industriales, homologaciones, cadenas de suministro, propiedad intelectual, logística internacional y competencia directa con gigantes globales. Pero decidieron hacerlo igual.

Cada uno a su manera, intentan demostrar que desde Uruguay también se pueden construir productos improbables.

Terovet: desde un país chico pero de referencia

Cuando Pablo Espósito y sus socios dejaron sus cargos gerenciales en una multinacional veterinaria para fundar Terovet, no estaban apostando a una startup liviana. Estaban apostando a construir una planta biotecnológica propia en Uruguay.

La empresa termina de levantar una planta en Punta de Rieles con una inversión cercana a los US$ 4 millones. Los tres fundadores venían de trabajar en Prondil —luego adquirida por la multinacional MSD— y conocían desde adentro cómo funcionaba el negocio global de vacunas.

También conocían una oportunidad. “Las multinacionales tienen costos de producción muy altos y para mercados emergentes el factor precio es crítico”, explica Espósito. Ahí apareció el nicho: producir vacunas veterinarias con estándares internacionales, pero desde una estructura más eficiente y flexible.

El foco inicial está puesto en América Latina, África y Medio Oriente. La lógica no es competir en branding o distribución global, sino transformarse en un productor para terceros bajo el modelo CDMO: fabricar para otras compañías, incluso multinacionales, que comercializarán las vacunas con su propia marca.

Espósito cuenta que hoy ya no es posible arrancar una operación biotecnológica “de forma precaria”, como podía ocurrir décadas atrás. Las exigencias regulatorias internacionales obligan a construir desde el inicio una infraestructura de altísimo estándar. “Tuvimos que desarrollar un proyecto muy completo, cumpliendo con todas las prácticas internacionales de manufactura. Eso fue lo más desafiante”, dice.

El objetivo es comenzar a operar plenamente en 2027 y llegar gradualmente a unos 20 o 25 trabajadores en esta primera etapa. Ya existen preacuerdos con multinacionales interesadas en utilizar la planta para abastecer determinadas regiones.

Para Espósito, Uruguay tiene fortalezas claras: estabilidad, reputación internacional y buenos recursos humanos técnicos. Pero también limitaciones estructurales difíciles de ignorar. La burocracia y los costos locales aparecen una y otra vez en la conversación. “Uruguay tiene que apostar más a la industria y favorecer este tipo de emprendimientos”, resume.

Kite Mobility: desde La Aguada rumbo a la Florida

En una planta industrial del barrio montevideano de La Aguada se fabrican vehículos eléctricos que terminan circulando en hoteles y zonas turísticas de Florida, EEUU.

La historia de Kite Mobility comenzó hace más de dos décadas, bastante antes de que la movilidad eléctrica se transformara en tendencia global. Mauricio Páramos trabajaba entonces en EEUU cuando surgió la idea de desarrollar un vehículo recreativo pensado para el mercado turístico norteamericano.

Primero fue una versión a combustión. Después vinieron problemas de calidad con motores importados desde Taiwán, la operación se frenó y el proyecto quedó en pausa durante años. El giro llegó cuando la tecnología eléctrica empezó a volverse viable. “Presentamos un prototipo eléctrico en una muestra en el LATU y la recepción fue muy buena. Ahí dijimos: esto puede funcionar”, recuerda.

Hoy Kite Mobility exporta vehículos eléctricos de tres ruedas diseñados íntegramente en Uruguay. El chasis y la carrocería se fabrican localmente; otros componentes —como motores, baterías o faros— se importan.

Lo distintivo no es solo que se produzcan en Uruguay, sino que el diseño también es propio. “No es copia de nada. Es un desarrollo 100% uruguayo”, afirma Páramos.

La empresa ya tenía experiencia previa homologando vehículos en Estados Unidos, algo que simplificó el salto eléctrico. El equipo desarrolló el modelo desde el inicio siguiendo las normas estadounidenses, desde la distancia de las luces hasta las especificaciones de frenos y cableado. “Cuando llegó el momento de homologarlo, ya habíamos diseñado todo pensando en esas exigencias”, explica.

Cada contenedor exportado transporta 21 unidades semidesarmadas para optimizar espacio. Estados Unidos sigue siendo el principal mercado, aunque Kite también explora oportunidades en Brasil, Argentina y Paraguay (Mercosur).

Aun así, producir desde Uruguay sigue siendo cuesta arriba. Páramos habla de costos altos, logística compleja y una asimetría difícil de entender: mientras los vehículos eléctricos importados cuentan con beneficios fiscales, los fabricantes locales pagan impuestos sobre muchos de los componentes que necesitan importar.

“No competimos en igualdad de condiciones”, sostiene.

Pese a eso, la empresa decidió seguir fabricando localmente. Parte de la explicación es económica, pero otra parte es emocional. “Seguimos apostando a fabricar acá porque vivimos acá, tenemos familia acá y queremos dar trabajo acá”, dice.

Kite Mobility exporta vehículos diseñados íntegramente en Uruguay.

Rizzi Acoustics: un uruguayo en el audio de lujo

La apuesta de Alejandro Piñeyrúa junto con su socio Marcelo Rizzi no fue fabricar un parlante más. Fue entrar a competir en uno de los mercados más sofisticados y obsesivos del mundo: el audio Hi-Fi premium.

Rizzi Acoustics nació en 2024, aunque detrás había seis años de desarrollo técnico y una vida entera vinculada al audio y la música. La startup  desarrolló una tecnología propia para sistemas acústicos y hoy busca posicionarse tanto en consumo premium como en licenciamiento tecnológico.

La validación más fuerte llegó en EEUU. Piñeyrúa llevó sus productos a ferias especializadas y espacios donde convivían marcas históricas del audio Hi-Fi con sistemas que, según cuenta, superaban el medio millón de dólares. “Nos comparamos mano a mano con marcas muy consolidadas y estuvimos a nivel”, asegura.

El diferencial de Rizzi no pasa únicamente por el diseño. La empresa apunta a construir propiedad intelectual exportable. Hoy gran parte de la manufactura está coordinada desde Asia, con proveedores y ensamblaje en China, mientras el desarrollo conceptual y tecnológico permanece vinculado a Uruguay. “Queremos ser una empresa chica, desde un país sin tradición en audio, pero con tecnología propia y capacidad de coordinar una cadena global”, explica.

Ese modelo híbrido le permitió pensar más allá del nicho audiófilo. Están en conversaciones con fabricantes chinos de vehículos eléctricos para licenciar su tecnología de audio en automóviles. La lógica es distinta a la de una marca clásica de hardware: menos foco en volumen, más énfasis en diseño, eficiencia y propiedad intelectual.

Piñeyrúa insiste en que Rizzi no busca posicionarse como una marca de lujo inaccesible, sino como una marca premium capaz de democratizar cierto estándar de experiencia sonora. En paralelo, prepara el lanzamiento de un nuevo producto orientado a ampliar mercado, que verá la luz en dos meses.

Piñeyrúa reconoce que emprender desde Uruguay exige un esfuerzo extra. A su entender, todavía falta mayor articulación entre el Estado y el ecosistema emprendedor para generar apalancamiento en los proyectos. “Uruguay tiene problemas estructurales, como la burocracia para emprender, pero también tiene personas con un talento impresionante”, afirma.

“Acá tenés que demostrar mucho. Pero también eso te obliga a sostener la visión y fortalecer la cabeza”, concluye.

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