1. El garaje como obra de arte
Ralph Lauren construyó uno de los imperios de moda más reconocibles del mundo y, con el mismo ojo, una de las colecciones de autos más codiciadas del planeta. Más de cien máquinas -Bugatti, Ferrari, McLaren- en un galpón al que bautizó «D.A.D.», por las iniciales de sus hijos, reconocida como la más valiosa que existe. El mundo se enteró de que existía recién en 2011, cuando prestó diecisiete al Musée des Arts Décoratifs de París, montadas como esculturas. La pieza central es un Bugatti Type 57SC Atlantic de 1938, uno de los cuatro que se fabricaron, llamado «la Mona Lisa de los autos», que ganó el Best of Show en Pebble Beach (1990) y en Villa d’Este (2013) y que, si saliera a la venta, sería casi seguro el auto más caro de la historia. Cerca conviven un Ferrari 250 GTO, un Mercedes 300 SL «alas de gaviota», un Jaguar D-Type ganador en Le Mans y un McLaren F1. Compró casi todas entre 1982 y 1988, y las maneja. «Siempre vi los autos como arte. Arte en movimiento», dice. Asegura que ni siquiera se considera un coleccionista: para él son partes suyas.
El dato: el placer no está solo en la vitrina, también está en el volante.
2. Club de navegantes
Ernesto Bertarelli vendió Serono, la farmacéutica familiar, a Merck por US$ 13.300 millones, y se volcó al mar: fundó el equipo Alinghi y ganó la Copa América dos veces. No lo cuenta como gesta deportiva sino como pertenencia -«Siempre tuve una afinidad con el océano»-.
Que al mar se llega cuando uno quiere lo confirma Wendy Schmidt, empresaria e inversora (cofundadora, con su marido Eric, ex CEO de Google, de la Schmidt Family Foundation). A los 67 años, como timonel y dueña de su barco, el Deep Blue, ganó la Barcolana de Trieste -la regata más multitudinaria del mundo- y fue la primera mujer y el primer estadounidense en lograrlo, por delante de 1.614 barcos. «La vela es un deporte maravilloso que no entiende de género, edad ni barreras», dijo al subir al podio.
El dato: el placer no está solo en el muelle, también está en el timón.
3. Vinoteca de autor
El magnate de la energía Bill Koch armó una cava de 43.000 botellas que empezó a juntar en los años 70: una de las colecciones privadas más célebres del mundo, con las añadas más raras de Burdeos y Borgoña, de la que en 2025 desprendió 7.800 botellas en Christie’s por US$ 28,8 millones.
Coleccionar es un disfrute; el otro es hacerlo y firmarlo. Eso hizo Kathryn Hall: abogada, empresaria y embajadora de Estados Unidos en Austria entre 1997 y 2001. Levantó en pleno Napa su propia bodega -HALL Wines, hoy con unas 200 hectáreas de viñedos premium- y le puso, literal, su nombre a la etiqueta: el Kathryn Hall Cabernet Sauvignon. Hasta escribió un libro sobre la temática, «A Perfect Score».
El dato: el placer no está solo en tener la mejor botella, también está en firmar la tuya.
4. Guardián de historia
Jonathan Ruffer hizo una fortuna en la City de Londres. En 2012 invirtió unos US$ 24 millones para salvar doce cuadros del maestro español Francisco de Zurbarán que colgaban hace 250 años en el Auckland Castle, el palacio del obispo de Durham, y que estaban por ser llevados a Rusia. Terminó comprando el propio castillo del siglo XIV y montando un proyecto de restauración y revitalización de todo el pueblo al que ya destinó por encima de los 250 millones de dólares. Admite sin culpa que el proyecto entero es «una locura absoluta».
La versión femenina y mediterránea es Maja Hoffmann, coleccionista y empresaria, parte del grupo accionario que controla la farmacéutica Roche. Desde 2013 transformó un predio industrial abandonado de once hectáreas en Arles (las viejas naves del ferrocarril, junto a un sitio Patrimonio de la Humanidad) en un campus cultural, con siete fábricas ferroviarias recuperadas y una torre de Frank Gehry, por más de 150 millones de euros. Puso a un pueblo en el mapa del arte mundial.
El dato: el placer no está solo en colgar el cuadro, también está en salvar el palacio.
5. La aventura de frontera
Victor Vescovo, cofundador de la firma de private equity Insight Equity, hizo cumbre en el Everest y esquió hasta los dos polos: en 2017 fue uno de apenas setenta personas en completar el Grand Slam de los Exploradores (la cumbre más alta de cada continente y ambos polos). Después concibió, financió y piloteó el Five Deeps: la primera expedición en tocar el punto más profundo de los cinco océanos, incluido el fondo de la fosa de las Marianas, casi once kilómetros bajo la superficie. Lo hizo en su propio sumergible, y se convirtió en la primera persona que pisó la cima del Everest y el lugar más hondo del planeta. En 2022 sumó un vuelo suborbital con Blue Origin y en 2023 dejó el private equity para dedicarse a explorar a tiempo completo.
El dato: el placer no está solo en la cima, también está en el abismo.





