Fotografía por Leandro Méndez
El terreno de la esquina de Piera y Jackson había sido pensado en un inicio para oficinas. Hacia 2011 la idea cambió: sería un hotel frente a la rambla, junto al Parque Rodó. Pero en Uruguay, el alquiler temporario todavía no tenía la escala ni la madurez suficiente. Pasaron 15 años, cinco padrones se fusionaron en uno, y el negocio que maduró. Cosmopolitan, de Kopel Sánchez, es el resultado de esa visión y esa espera.
Integra vivienda permanente, oficinas y estadías cortas o medias. No funciona como un hotel tradicional: los apartamentos son unidades independientes y cada propietario decide si vive en ellas o las destina a renta. Tampoco es un edificio residencial convencional, porque incorpora servicios y una operación preparada para recibir huéspedes.
Buena parte de la convivencia ocurre fuera de los apartamentos. El Mitín —la cafetería y espacio de cowork—, las salas de reuniones y el rooftop conectan trabajo, gastronomía y encuentro. El edificio suma barbacoas, terrazas, piscinas, spa, saunas y gimnasio, además de laundry, housekeeping y accesos sin llave. No son solo prestaciones: son los lugares donde residentes y visitantes se cruzan y negocian, en los hechos, sus diferentes ritmos. La propuesta de Kopel Sánchez parte de una definición clara: el edificio fue concebido para un público que valora una vida urbana activa, dinámica y conectada con el entorno. “Este es un edificio preparado para personas que quieren vivir con intensidad”, explica Fabián Kopel.
El modelo atenderá las distintas necesidades de quienes convivan en el edificio: seguridad, descanso y privacidad para los residentes permanentes; orientación y servicios para quienes se alojan durante períodos más breves. El reglamento interno establece capacidades, reservas y accesos a las áreas comunes. Las estadías inferiores a 30 días se gestionan mediante la plataforma Aladin, que centraliza la atención de los huéspedes y coordina los servicios de limpieza y mantenimiento.
En el entorno de Cosmopólitan están la rambla, universidades, espacios verdes y conexión con distintos puntos de la ciudad; Palermo, cafés, gastronomía, cultura y vida nocturna. Se estima que después de la pandemia desaparecieron unas 1.200 camas hoteleras en la zona por cierres o reconversiones. Y a su vez, los desarrolladores observan demanda asociada con espectáculos, convenciones, viajes corporativos y turismo regional.
Sánchez señala que el desarrollo del edificio avanza en dos etapas: la primera comprende 110 unidades y tiene entre 80% y 85% vendido, mientras la comercialización total ronda el 60%.








