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CON MÁS INGRESOS, SUS MARCAS BAJO CONTROL Y UNA ENORME BASE DE HINCHAS TODAVÍA POR MONETIZAR, NACIONAL Y PEÑAROL TIENEN UNA OPORTUNIDAD INÉDITA PARA AMPLIAR SU MODELO DE NEGOCIO.
07 09, 2026
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Por Karina Spremolla

Los balances están en positivo. Los socios crecen. Las marcas están bajo control. Los derechos de TV se duplicaron. Las formativas reciben inversión.

Nacional cerró 2025 con casi US$ 4 millones de ganancia y tiene un proyecto de transformación de su estadio blindado por estatuto.

Peñarol cerró con US$ 3 millones de ganancias, compró a Leo Fernández por US$ 7 millones -récord histórico del fútbol uruguayo, y sumó a Matías Arezo desde Gremio por US$ 3,1 millones netos.

“Gastá, gastá, gastá”. Así describe Ignacio Ruglio lo que piden los socios de Peñarol, a veces desde la tribuna y otras desde la asamblea. Él es el presidente, pero ellos son los dueños. Tienen voz, tienen voto, tienen exigencias. Y lo que quieren, a cambio del dinero que ponen cada mes, es nada más -y nada menos- que la gloria eterna.

Lo mismo pasa en la otra vereda. El consejo directivo de Nacional escucha una y otra vez los reclamos de sus socios, pidiendo los resultados y las conquistas que honren la leyenda. Quieren títulos, hazañas, trofeos. Porque, como reza una célebre frase atribuida a más de un dirigente: el hincha no festeja balances. Aunque, tal vez, sí debería.

El problema es que los dueños de un club de fútbol no se comportan como los accionistas de una empresa. No quieren rentabilidad. Quieren ganar. “Pero si gastamos sin tomar en cuenta la salud financiera, entramos en una debacle que después nos cuesta por todos lados”, advierte Ruglio.

EL ESTADIO GRAN PARQUE CENTRAL

El Gran Parque Central tiene 35.000 lugares y es el escenario donde los socios quieren ver jugar a Nacional todos los partidos. Esa identidad tiene un valor simbólico incalculable y un costo de oportunidad concreto. “Si jugamos en el Estadio Centenario, le podemos dar 10.000 o 12.000 entradas al visitante y recaudaríamos un millón y medio de dólares más”, dice Saúl. ¿Por qué no lo hacen? “Porque el hincha quiere jugar en el Parque Central. Y eso no lo va a sacar nadie”

Lo que está funcionando son los palcos. Nacional tiene 270. Cada contrato dura entre 10 y 15 años y puede valer entre US$ 100.000 y 200.000. “En un ciclo de palcos, tenés unos US$ 30 millones de ingresos. Con eso podés ir pensando en el nuevo estadio”.

El proyecto que cambia la ecuación de fondo es la transformación del Parque Central: un arena, 8.000 metros cuadrados de shopping, 20.000 metros cuadrados de oficinas y ampliación del club social, con una inversión estimada de US$ 100 millones. “La idea es un fideicomiso que lo explote y que el club tenga un ingreso hasta que se pague”.

La asamblea todavía no lo aprobó, pero para cajonear el proyecto se necesita, como cualquier proyecto de más de US$ 3 millones, el 75% de los votos.

Un pendiente es el naming de los estadios, que en los grandes mercados es cada vez más frecuente. Spotify Camp Nou en Barcelona, Allianz Arena en Munich, Emirates Stadium del Arsenal en Inglaterra, Neo Química Arena de Corinthians en Brasil y un largo etcétera.

“El problema es llegar a una cifra que pague lo que implica el naming. En Argentina, el Monumental de River cambió de nombre varias veces. Cinco años de naming rights valen US$ 6 millones. En Uruguay, el mercado todavía no llegó a esos números. Cuando lleguen, pondremos el nombre”, asegura Saúl.

El fútbol uruguayo mueve unos US$ 300 millones al año, según estimaciones del senador Pedro Bordaberry. Esto incluye los ingresos por derechos de televisión, transferencias de jugadores, sponsors y venta de entradas, así como el impacto indirecto en sectores como la publicidad, los medios de comunicación, el transporte y la gastronomía, entre otros.

El Club Nacional de Fútbol y el Club Atlético Peñarol dominan el mercado por amplio margen: concentran el 35% del reparto por los derechos de televisión, del 80% al 90% de los ingresos por la venta de entradas y se reparten la mayoría de los premios en los torneos internacionales

Peñarol tiene un presupuesto anual de US$ 40 millones. El de Nacional, es de unos US$ 30 millones. La transferencia de jugadores es el ingreso que nadie quiere como base del presupuesto. “Los clubes deberíamos intentar que el presupuesto no dependa de eso”, dice el segundo vicepresidente de Nacional, Álex Saúl.

En Nacional funciona como un colchón: “Normalmente con la venta de los jugadores se cubre el presupuesto. Cuando vendés más tenés mucha ganancia, cuando vendés menos estás complicado”.

Ruglio lo plantea asi: “En materia de ingresos versus egresos hay que tener un equilibrio justo, porque es un arma de doble filo”.

Hay otro ingreso vinculado a los jugadores que es el porcentaje de reventa. Cuando un jugador formado en Uruguay se vende posteriormente entre clubes internacionales, el club de origen puede cobrar un porcentaje de esa plusvalía. “Cobrás un 2, 3, 4%… que parece poco pero como se venden en cifras grandes, cuando pasan 3 o 4 en un año, te cambia”, explica Saúl.

Para reducir la dependencia de esas ventas, los dos clubes apuestan al semillero. “Vendés el que tiene salario más alto, sube el de formativas con salario más bajo, y después lo podés vender de nuevo. Ese es el círculo virtuoso”, afirma el dirigente tricolor. Nacional está invirtiendo US$ 3,5 millones en infraestructura juvenil para que ese círculo sea más frecuente. “Creemos que eso nos va a ayudar a largo plazo a tener mejores jugadores y venderlos mejor”.

Además de los pases de jugadores, estan sus otras puertas de mayores ingresos: estadio, marca, hinchas y apuestas.

EL ESTADIO CAMPEÓN DEL SIGLO

El Campeón del Siglo no es propiedad directa del club sino de una sociedad anónima vinculada: el Complejo Deportivo y Cultural Peñarol S.A. El estadio genera sus propios ingresos -a través de la venta de palcos, butacas y otros activos- y se gestionan de forma diferenciada para distinguir la operativa deportiva del club de la infraestructura.

El escenario tiene capacidad para 40.000 espectadores, además de 107 palcos que disponen de entre 8 y 20 asientos.

Se inauguró en 2016 y su financiación se concretó a través de una combinación de un fideicomiso de administración y de la Sociedad Anónima dueña del estadio, lo que garantiza que los fondos recibidos de los socios del club que adquieren palcos y butacas se volcaran a la construcción del estadio y a la cancelación de la deuda financiera obtenida del BROU. Una vez cancelada, el estadio pasará a manos del Club Atlético Peñarol.

Los costos de las butacas van de $12.100 a $18.800 y los palcos, originalmente comercializados por plazos de 10 años mediante subastas o contratos corporativos, oscilaban entre los USD 72.000 y USD 127.000.

Sobre el potencial de negociar el nombre de una marca para el complejo y recibir así mayores ingresos, Ruglio advierte una dificultad: “El 90% de los hinchas uruguayos son de Peñarol o de Nacional, y esto hace que si una marca se asocia solo con uno de los equipos, los hinchas del otro dejan de consumirla. Eso complica un poco tener un estadio con marca, porque en general hacen la misma inversión en los dos. Es un fenómeno que no pasa en ninguna otra parte del mundo”.

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