CORPO / Opinión / Más grande que la IA
08 07, 2026
Imagen de Martín Guerra

Martín Guerra

Co-fundador de incapital, Handy y Paigo
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Ozempic y Mounjaro facturaron US$ 71.000 millones en 2025. OpenAI y Anthropic  facturaron US$ 29.000 millones.

Empezaron como medicamentos para la diabetes. Pero están mostrando efectos sobre la salud cardiovascular, las adicciones, el Alzheimer, la longevidad. El consumo de alcohol en EEUU cayó 5% en 2025, según IWSR. El sector logístico de EEUU reportó una caída del 1% en el volumen total del transporte de alimentos y bebidas en 2025, según FreightWaves.

Hasta médicos “anti-remedio” hoy recomiendan dosis mínimas no para adelgazar sino para mejorar la salud en general.

Hace poco escuché una entrevista a Robert F. Kennedy Jr., el secretario de Salud de EEUU, en el podcast de Joe Rogan. Demócrata de toda la vida, Kennedy pasó décadas litigando contra Monsanto y el glifosato. Aceptó ser secretario de Salud de Trump con una condición: elegir él mismo todos sus mandos medios. Eso no había pasado nunca con un secretario de Salud en la historia estadounidense.

Dice que EEUU gasta US$ 5 billones por año en salud, dos o tres veces más per cápita que cualquier país desarrollado, y tiene la población más enferma del mundo desarrollado. El 77% de los jóvenes no califica para el servicio militar. El 38% de los adolescentes son diabéticos o pre-diabéticos. La obesidad infantil pasó del 5% al 20% en una generación.

La visión de Kennedy: nadie en el sistema tiene incentivos económicos para que la gente esté sana. Dice que no es un sistema de salud; es un sistema de enfermedad.

En una movida a la que llaman MAHA (Make America Healthy Again), se está enfrentando a tres industrias que nadie había tocado seriamente en décadas. La  farmacéutica, que durante 40 años cobró en EEUU los precios más altos del mundo. La alimentaria, que convenció a medio mundo de comer procesados. Y la aseguradora, que creció a partir de un modelo de cuanto más enferma la gente, más dinero.

Con las farmacéuticas negoció algo que todos los presidentes americanos habían prometido y ninguno había logrado: pagar un precio más bajo por los medicamentos. El Ozempic costaba US$ 1.350 en EEUU. En cualquier farmacia de Londres se compraba a US$ 90 por el control estatal de precios. El mismo medicamento, fabricado en la misma planta en New Jersey. Kennedy consiguió que ese precio baje. A cambio, las farmacéuticas recibieron certeza regulatoria y apoyo para relocalizar su producción en EEUU.

Está eliminando los colorantes artificiales de toda la cadena alimentaria. Quitó las gaseosas y los dulces de los comedores escolares de millones de niños. Cambió la alimentación en las bases militares: comida fresca, producida localmente, más barata.


Kennedy oficialmente dio vuelta la pirámide alimenticia. La nueva tiene una sola consigna: comé comida de verdad. Más proteína, menos ultraprocesados, menos azúcar. Y ya se están viendo efectos: hasta Mars está reformulando los M&M’s para sacarles los colorantes artificiales, y le está costando una fortuna.

Y con la FDA empezó a desandar una decisión del gobierno anterior: el bloqueo a los péptidos. Los péptidos son moléculas que el cuerpo produce y funcionan como mensajes: le dicen a las células qué hacer. Reparar tejido, reducir inflamación, regular el apetito. El Ozempic es un péptido. La insulina también. Durante años, farmacias autorizadas los fabricaban bajo supervisión del organismo regulador. La FDA de Biden movió 19 péptidos a una categoría de «no fabricar». Kennedy dice que fue ilegal porque la ley solo permite hacer eso si hay una señal de peligro real, y no la había. El resultado: apareció un mercado ilegal. Kennedy quiere devolver al menos 14 de esos 19 péptidos al mercado legal, con proveedores controlados y calidad garantizada.

Y fue más lejos. En abril Trump firmó un decreto para dar fast track en la FDA a la ibogaína y otros psicodélicos. Estudios preliminares muestran que interrumpen una adicción con una sola dosis -en lugar de un tratamiento de mantenimiento para toda la vida-, y tienen efectos positivos en la depresión y la ansiedad. Con US$ 50 millones, abre la puerta para que la investigación avance y puedan usarse en contextos terapéuticos controlados.

La IA está acortando los ciclos de innovación de la biomedicina. Lo que antes llevaba 20 años en ensayos clínicos hoy puede llevar tres. Ambas están reconfigurando el planeta al mismo tiempo y se aceleran mutuamente.

Ahora, ¿Qué pasaría si en Uruguay el 35 o 40% de la población pudiera acceder a medicamentos a $ 1.000 por mes?

Hoy muchas veces los laboratorios internacionales ni siquiera hacen el trámite para traer estos medicamentos porque nuestro mercado es demasiado chico.

Hay un mundo que se está reconfigurando a una velocidad que no estamos procesando.  ¿Cuánto nos cuesta quedarnos afuera?

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