CORPO / Tecnología & Innovación / La piel de laboratorio que reemplaza el testeo animal
L’Oréal dejó de testear en animales 14 años antes de que la regulación europea lo exigiera. Hoy produce más de 100.000 tejidos humanos reconstruidos por año para evaluar sus productos.
04 10, 2026
Compartir esta columna

Fotografía por Santiago Mondo

La piel humana reconstruida cambió el paradigma. Así lo explica Cecilia Cardozo, gerenta de Comunicaciones, Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de L’Oréal Groupe.

Antes de tocar la piel de una persona, un cosmético puede hoy encontrarse con piel humana en un laboratorio. No proviene de un cuerpo: fue reconstruida a partir de células cultivadas para anticipar cómo responderá ante una fórmula.

Estos tejidos reproducen la estructura, las capas y la función de barrera de la epidermis. Sobre ellos es posible estudiar la interacción con distintas sustancias y evaluar aspectos como la tolerancia, la irritación o la eficacia antes de que un producto llegue al mercado.

“La seguridad nunca es negociable. La piel humana reconstruida permite evaluar la respuesta biológica directamente sobre células humanas, no sobre especies distintas”, explica Cecilia Cardozo, gerenta de Comunicaciones, Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de L’Oréal Groupe.

A través de Episkin, su plataforma especializada en tejidos humanos reconstruidos, L’Oréal produce más de 100.000 unidades al año en centros ubicados en Francia, China y Brasil. Los modelos son utilizados para la investigación y las evaluaciones de seguridad y eficacia, tanto dentro de la compañía como por universidades, organismos y otras empresas.

Allí radica uno de los mayores alcances de la iniciativa: la innovación no permanece encerrada en los laboratorios que la desarrollaron. Se comparte con la comunidad científica y la industria para que nuevos actores puedan investigar y adoptar metodologías alternativas al testeo en animales.

UNA DECISIÓN ANTICIPADA

L’Oréal desarrolló su primer modelo de epidermis humana reconstruida en 1979 y, diez años después, dejó de utilizar animales para evaluar la seguridad de sus productos cosméticos. La decisión fue tomada 14 años antes de que la regulación europea estableciera esa exigencia.

“El objetivo fue desvincular el avance de la belleza del testeo en animales, por convicción, no por obligación”, afirma Cardozo.

Convertir esa definición en una alternativa científicamente viable exigió sostener una apuesta de largo plazo. Actualmente, la compañía invierte más de 1.000 millones de euros anuales en Investigación e Innovación y cuenta con un equipo global de más de 4.000 investigadores e investigadoras.

Esa capacidad permitió avanzar en ingeniería de tejidos y biología predictiva cuando todavía eran campos incipientes dentro de la industria. Hoy, la piel reconstruida integra un ecosistema de evaluación que también incluye modelización molecular, técnicas de imagen y sistemas expertos de toxicología.

Para Cardozo, el cambio no se limita a sustituir un procedimiento por otro. Expresa una concepción de la innovación en la que la seguridad, la precisión científica y los criterios éticos deben avanzar juntos. Al reproducir características de la piel humana, los tejidos reconstruidos permiten generar evidencia más próxima a la biología de las personas y mejorar la capacidad de anticipar respuestas.

INNOVACIÓN QUE CIRCULA

La expansión de Episkin hacia América Latina abrió una nueva etapa. La filial de Río de Janeiro, inaugurada en 2019, acercó la producción de tejidos y el conocimiento asociado a su utilización. Para Uruguay y el resto del Cono Sur, contar con un centro regional reduce las barreras logísticas que suponía importar estos modelos desde Europa y facilita el intercambio con especialistas.

“La llegada de Episkin a Río de Janeiro democratizó el acceso a esta tecnología. No reservamos la piel reconstruida para uso interno: la ponemos a disposición de universidades, centros de investigación y de la industria en general”, señala Cardozo.

La plataforma funciona, además, como un espacio de formación y transferencia de capacidades. A través de Episkin Academy, más de 600 personas fueron capacitadas en América Latina, con actividades en Brasil, Argentina, Colombia, Uruguay, México y Costa Rica.

El propósito es que la innovación circule: que más equipos científicos de la región puedan trabajar con estos modelos y que los métodos alternativos se incorporen progresivamente a los sistemas de evaluación de seguridad.

Aunque la evidencia científica avanzó, el reconocimiento regulatorio difiere entre mercados y todavía existe una brecha de capacidades entre las grandes compañías, las empresas de menor porte y algunos organismos de control.

L’Oréal trabaja con autoridades, cámaras sectoriales y comunidades científicas para ampliar la adopción de estas metodologías. “Todavía hay un camino por recorrer para que se incorporen de forma más amplia”, reconoce Cardozo.

“La piel humana reconstruida cambió el paradigma”

“El objetivo fue desvincular el avance de la belleza del testeo en animales, por convicción, no por obligación”.

Cecilia Cardozo, gerenta de Comunicaciones,
Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de L’Oréal Groupe.

ARTÍCULOS RELACIONADOS