Por Karina Spremolla
El sello Livni atraviesa la calle Pablo de María. Las obras de Magnolio, Oriundo, Toledo, Fenicio, Cámara TBWA gritan su nombre y conversan entre sí. Hay muchas más, en otras calles, en otras ciudades, en otros lugares. Y todas son construcciones que respetan la trama urbana, se entrelazan con la ciudad y emergen naturalmente entre la selva de cemento, sin que nada quede forzado o desvinculado de su entorno.
A Pedro Livni, uno de los arquitectos más reconocidos de Uruguay, no le preocupan las tendencias, sino la entrañable relación entre la vida pública y el mundo privado que propone la arquitectura, para habitar espacios que, además, construyen ciudades.
¿PODEMOS HABLAR DE ARQUITECTURA DE CALIDAD O ARQUITECTURA PREMIUM? Y SI ESTE CONCEPTO EXISTE ¿CÓMO SE DEFINE?
Arquitectura de calidad, sin duda que sí podemos hablar. Arquitectura premium, creo que es más una etiqueta de marca comercial que no me interesa, porque viene quizás asociada al lujo, a lo caro, a lo grande, a lo exclusivo, que no necesariamente significa calidad. Hay muchos edificios premium que considero muy malos. Y hay edificios no premium que los considero de mucha calidad.
¿NO TE INTERESA SER CONSIDERADO PARA PROYECTOS QUE SE DEFINAN COMO PREMIUM?
Lo que no me interesan son los atributos por los que una obra es considerada premium. Me interesa evaluar un proyecto en cómo es como arquitectura, en cómo se relaciona con la historia de la disciplina. Cómo se instala en la ciudad. Cuáles son los temas que pone en juego. Cómo organiza el espacio. Cuál es su realidad material. La categoría premium como discusión es como una conversación de sobremesa, si tiene 8 baños, calefacción, si aprieto un botón y me hace masajes. Eso no lo hace mejor
Lo que ofrecemos es que dibujamos mucho, trabajamos mucho, somos muy obstinados. En vez de dibujar la cosa una vez, la dibujamos cincuenta.
Pedro Livni
¿EL LUJO PUEDE TENER QUE VER CON LA ANTÍTESIS DE TODO ESO?
Exactamente. Puede ser ese diálogo con la naturaleza, con el entorno. Hay muchas intervenciones
y posibilidades del lujo que no tienen nada que ver con los amenities. Hoy puede ser tener tiempo. Puede ser el silencio. Eso es lujo. Y en términos urbanos, es tener espacio verde. Una vereda decente. Un árbol. Hace poco me tocó visitar unas casas de temporada grandes, de lo que en su momento sería un estándar muy premium en Uruguay. Y su relación con el confort era muy distinta a la de hoy: pisos de piedra laja, habitaciones grandes, una relación con la intemperie más directa. No les importaba si entrabas o salías con arena. Eso hoy sería imposible en un desarrollo premium.
Por otro lado, ahora estamos haciendo un proyecto en Carrasco, de pocas unidades, en un terreno sumamente calificado, que va a ocupar el segmento premium. Pero mi interés es que más allá de esa categoría el proyecto sea evaluado en sus términos arquitectónicos: cómo se implanta en el lote, cómo se relaciona con la calle, cómo son esas unidades con los espacios exteriores, su materialidad. La ecuación comercial tiene que cerrar, la arquitectura reproduce en vertical el valor del suelo. Pero lo interesante es qué podemos hacer dentro de esas variables. Y lo mismo con un proyecto que recién empezamos a conversar en Punta Ballena: grande, en una pendiente exacerbada, donde lo interesante es cómo cada unidad construye a la vez intimidad y sentido de comunidad como conjunto.
¿HOY EL ENTORNO LIMITA ESE DIÁLOGO O ES VIABLE TODAVÍA PLANTEARSE ESA RELACIÓN?
Nosotros construimos el entorno. Somos los responsables de ese entorno. Si es más alto, si es más bajo, si hay árboles o no es una decisión física que hacemos nosotros. La ciudad no es un lugar natural incólume. La construimos. Si es una porquería, ¿a quién le echamos la culpa? A nosotros. Cuando uno se inserta en un marco mayor y se relaciona amablemente con él, necesariamente lo va a respetar. En Magnolio, por ejemplo, hay un pasaje que es un espacio privado de vocación pública. Podés entrar, sentarte allí y nadie va a decirte nada. Es un edificio que intenta relacionarse con la ciudad y no defenderse de ella.
PERO UNA DE LAS RAZONES DE LA PROLIFERACIÓN DE LOS BARRIOS PRIVADOS ES LA
INSEGURIDAD DE MONTEVIDEO…
Lo que se está haciendo ahora son enclaves donde hay moradores, pero no hay espacio público, no hay ciudadanos, no hay política. Y se justifican diciendo que la ciudad se volvió hostil. Pero si nosotros seguimos planteando la desconfianza a la ciudad, es cada vez una peor ciudad. Es circular
EL DESARROLLADOR NO SIEMPRE ES EL VILLANO DE LA HISTORIA, ¿NO?
No, para nada. Hay que desmontar esa idea del desarrollador como una especie de personaje oscuro con una cabeza de Excel que no piensa en otra cosa. Hay una cantidad de personas en ese mundo que tienen otro cariño, otras intenciones, más allá de que el Excel tiene que funcionar. Y cuando los desarrolladores tienen esa mirada, son personajes maravillosos con los que uno quiere trabajar. Hay un grupo que se ha instalado muy fuerte acá, IXOU, cuya gran preocupación es la elección del arquitecto. Han seleccionado
arquitectos de prestigio internacional muy importantes. El edificio que hicieron con el español Carlos Ferrater debe ser el mejor edificio de vivienda en términos urbanos que se ha construido acá en los últimos quince o veinte años. Cómo esa fachada se va partiendo en una modulación que se aproxima al módulo urbano, cómo baja la escala y genera el acceso, ese bar tan icónico de la esquina. Una sensibilidad urbana que es todo lo opuesto a la extensión de la Torre Ejecutiva que está enfrente.

En términos urbanos, el lujo es tener
Pedro Livni
espacio verde. Una vereda decente. Un árbol.

¿QUÉ SON LAS TENDENCIAS EN ARQUITECTURA CUANDO LAS OBRAS DURAN DÉCADAS O INCLUSO CIENTOS DE AÑOS?
La tendencia es algo más asociado a la moda. La arquitectura, en un doble sentido, lleva tiempo proyectarla, construirla, y a su vez un edificio tiene que estar pensado para los próximos veinte o treinta años. Entonces, la arquitectura va armando ciclos. De sensibilidades más crudas, abstractas y despojadas, a sensibilidades más afectadas, barrocas y cargadas. Ahora estamos en un momento más abstracto. Pero probablemente después haya un retorno a cosas más cargadas. A nosotros nos interesa más una manera de hacer y de pensar que se argumente. Que uno pueda explicar por qué hace lo que hace. Y que a su vez, si el resultado es bueno, reverbere en diferentes contextos. Y hay algo más: los edificios demasiado afectados a las modas son hits muy festejados en un período muy corto, y después envejecen muy rápido por esa misma condición.
Hay una distinción que me parece importante con el arte: el arte puede trabajar con la ironía, con dimensiones expresivas exacerbadas, porque el lugar del arte está cautelado dentro de ciertas instituciones, como museos o galerías. La arquitectura tiene la responsabilidad de construir ciudad. Y muchas veces ese tipo de abordajes muy expresivos resultan no muy afortunados con el tiempo. Aunque siempre están las excepciones. Gaudí, por ejemplo. La Casa Batlló y La Pedrera, en Barcelona, con toda esa libertad plástica y esa expresividad icónica, tienen una dimensión urbana muy precisa. Son, antes que objetos artísticos, edificios urbanos. Esa doble dimensión que logra Gaudí es sumamente importante.
¿Y EN LA ARQUITECTURA COMERCIAL, DONDE LOS CICLOSSON MUCHO MÁS CORTOS?
Ahí sí podemos hablar de tendencias con más propiedad. Un local comercial dura unos cuatro años generalmente. Está sometido a los ciclos de la moda y a los ciclos comerciales. En ese sentido, hay una arquitectura que rápidamente, también por su condición efímera, queda asociada a un momento. Pero también hay excepciones maravillosas, como el local de venta de Olivetti de Carlo Scarpa en la plaza San Marcos. Una tiendita de joyas de Hans Hollein en Viena. Las tiendas Miu Miu en Tokio. Son edificios que, más allá de esa cosa deslumbrante asociada a la moda, tienen muchos años y siguen siendo muy buenos. Sobreviven el paso del tiempo.
¿Y EN URUGUAY?
También. Nos tocó hacer el nuevo showroom de la vidrería Bia en Punta del Este. El encargo era un showroom. Uno se imagina un gran contenedor donde adentro se exhibe lo que se vende. Y propusimos un pabellón de vidrio, por eso se llama Glass Pavilion.
El propio edificio explora las posibilidades materiales del vidrio, tensa las capacidades de Bia para desplegar sus saberes técnicos y constructivos. Al mediodía, de noche, cuando se ilumina, se convierte en una especie de lámpara de Akari. Entendemos que por su cualidad material va a ser muy atemporal. También hacemos la arquitectura de los locales Benson & Thomas. Y uno puede ver cómo pasamos de una arquitectura donde dominaba la madera, a una etapa con madera negra, después terrazo, y ahora trabajamos con acero inoxidable. Hay cambios que uno quiere hacer, y cambios que el mundo comercial impone
Lo agridulce de los ciclos comerciales es que cuando una arquitectura que uno quiere es demolida porque la tiendacambió de imagen, da mucha pena.
¿CÓMO SURGEN LOS PROYECTOS DEL ESTUDIO? ¿SON INICIATIVA DE USTEDES O LOS VIENEN A BUSCAR?
Somos más un estudio donde llega gente con una idea. La semana pasada vino un desarrollador peruano que había entrevistado a un arquitecto en Brasil, y a partir de ahí tuve que viajar a Lima. ¿Surgirá algo? No sé. Pero hay una línea reconocible. Lo que sí nos importa es la confianza. Cuánto la persona que nos contrató esté dispuesta a confiar en lo que somos capaces de hacer. Y el gran diferencial que ofrecemos no es una especie de genio con una idea maravillosa. Lo que ofrecemos es que dibujamos mucho, trabajamos mucho, somos muy obstinados.

Restaurar un inmueble viejo de cierta calidad es costos, requiere tiempo y requiere mucho amor
Pedro Livni

¿CUÁL ES EL VALOR REAL DE LOS EDIFICIOS Y MATERIALES DE OTRA ÉPOCA?
Ya la propia realidad física vale mucho por cómo fue hecha. Vivimos en el mundo del símil, de todo lo que se parece a algo pero ya no es ese algo. Eso hace que la realidad material sea más descartable. Restaurar un inmueble viejo de cierta calidad es costoso, requiere tiempo y mucho amor. Si tenés una casa vieja entre losas, solo ahí hay cuatro metros. Eso es lujo.
TU PADRE, JOSÉ LUIS LIVNI, FUE EL CREADOR DEL DÍA DEL PATRIMONIO. ¿CÓMO TE RELACIONÁS CON ESE LEGADO Y CON EL PATRIMONIO DE MONTEVIDEO?
Me interesa el patrimonio desde su dimensión física. No desde la mnemotécnica. ¿Por qué vale esta cuestión? Por su dimensión física. Por la calidad. No porque es viejo. Uno puede poner dos mundos: el de la autonomía, esa obra absoluta en su perfección pero que no dialoga, y el del contexto. A mí me interesa mucho más el contexto, la arquitectura como parte de la ciudad. Cuando intervenimos en un edificio con historia, no es por preservación sentimental. Es por reconocimiento de calidad. Y hay una pregunta que me interesa mucho más que el patrimonio específico: ¿cómo podemos tener una mejor ciudad? Las veredas, las calles, los bancos, el arbolado. Vas a Buenos Aires y el Parque Palermo está inmaculado, los bancos son los que tienen que ser. Acá no hay una plaza, un parque, con un buen alumbrado, con una buena caminería armónica. No hay. Y eso depende de nosotros
¿LOS CONCURSOS PÚBLICOS DE ARQUITECTURA SON IMPORTANTES PARA ESTO?
Es el único mecanismo que democratiza el acceso. En Suiza, en Alemania, en Francia, toda la obra pública se concursa. Cuando los concursos son la excepción, dan mal. Cuando se convierten en la regla, empiezan a dar bien. Acá, las escuelas las hacen los arquitectos del Estado. La obra pública se licita sin concurso de ideas. Si estas cuestiones —el edificio, las veredas, los bancos, el arbolado— se hicieran a través de concursos, la calidad de lo que nos rodea sería diferente.
¿QUÉ SIGUE SIENDO POSIBLE?
Por suerte sigue habiendo esa posibilidad de seguir haciendo cosas que todavía no se han agotado. Siempre estoy abierto a muchas cosas. Me interesan mucho más las preguntas que las respuestas.




