CORPO / Lifestyle & Arte / La nueva estética del poder
Cómo se visten hoy los empresarios y ejecutivos que realmente mandan.
13 05, 2026
Compartir esta columna
Jack Dorsey, cofundador de Twitter y CEO de Block.

Hay algo que pasa cuando ciertas personas entran a una sala. No llevan logos visibles, no usan nada que «impresione» en el sentido clásico. Y sin embargo, algo en la forma en que están vestidos comunica, de inmediato, que son ellos los que tienen el control.

En los últimos años, la forma en que los líderes empresariales se presentan cambió de manera silenciosa pero radical.

Lo que sigue son los ejes que definen la nueva estética del poder en los negocios.

1. Menos estructura, más control

El traje rígido, la corbata ceñida, el blazer con hombreras: durante décadas, fueron los uniformes del poder. Pero ese lenguaje cambió. Hoy, la formalidad extrema puede leerse como inseguridad -la necesidad de un disfraz para que te respeten.

El nuevo lenguaje es otro: sastrería más blanda, materiales nobles, siluetas que favorecen sin apretar.

Verónica Eirin, especialista en comunicación y marketing de moda, lo pone en estos términos: «La formalidad extrema a veces delata a quien ‘pide permiso’ o sigue reglas externas. Estar relajado -pero con una estética impecable- envía la señal de que tú imponés las reglas. Es el paso del ‘traje por obligación’ al ‘knitwear de alta calidad por elección’. El mensaje es: estoy tan seguro de mi posición que no necesito un uniforme rígido para que me respeten.»

A nivel global, este giro tiene nombre: quiet power dressing. La nueva sastrería es fluida, de hombros suaves, telas que acompañan el movimiento. Marcas como Bottega Veneta, Toteme y The Row lideran este estilo – estructurado sin ser rígido, pulido sin ser agresivo.

En Uruguay, el proceso es el mismo, aunque más discreto. «Aquí el poder siempre ha intentado no ser ostentoso», observa Eirin. «El quiet luxury nos resulta natural.»

2. Repetir como estrategia

Steve Jobs con su cuello de tortuga negro. Mark Zuckerberg con su remera gris.  
El uniforme personal -esa consistencia estética deliberada-  es una de las herramientas más sofisticadas del liderazgo moderno. Eliminar esa variable no es pereza: es foco.

«Una persona que toma decisiones críticas todo el día no quiere gastar energía mental en combinar colores frente al espejo«, dice Eirin. «Simplificar es una herramienta de productividad. Además, la simplicidad estética proyecta claridad mental.»

Hay algo más en juego: la repetición también construye narrativa. Un estilo consistente se vuelve reconocible, y lo reconocible genera confianza. No es azar que los perfiles más altos sean los más predecibles en su forma de vestirse.

Dato: las remeras grises de Zuckerberg, símbolo aparente de austeridad funcional, son piezas a medida del diseñador italiano Brunello Cucinelli.

3. Un solo gesto que habla

La primera movida es eliminar el ruido: sin logos, sin nada que compita con quien lo lleva. La segunda es más sutil: elegir un solo detalle con intención.

Un reloj con esfera limpia, sin números. Una campera sin etiqueta visible pero con un peso y una caída que solo da el nylon japonés de alta gama. Unas gafas de montura finísima en acetato italiano, con una forma que no existe en el mercado masivo

Son códigos que no funcionan como carteles sino como contraseñas. Quien los conoce, los reconoce de inmediato. Quien no, simplemente ve a alguien bien vestido.

Este fenómeno se conoce como stealth wealth (riqueza sigilosa). La ausencia de marca como marca. Loro Piana, The Row, Hermès, Brunello Cucinelli, Cartier, A. Lange & Söhne, F.P. Journe: marcas que casi no se ven en la prenda o en el objeto. Sus clientes no necesitan que nadie los reconozca. Ellos saben. Y los que tienen que saber, también.

Bonus: La sostenibilidad del origen

Eirin agrega este cuarto eje. «Hoy, un ejecutivo en Uruguay gana puntos de sofisticación cuando puede contar la historia de lo que lleva puesto: una prenda de lana merino de exportación o una pieza de diseño local de autor. El poder hoy también es conciencia.»

No es solo qué llevás, sino de dónde viene y qué decisión refleja. Una prenda con historia comunica criterio y valores. Es el lujo como narrativa, no como precio.

En un contexto donde la autenticidad se convirtió en el activo más escaso, esto tiene peso específico en entornos de negocios.

¿Todo esto se puede aprender?

Eirin dice que sí pero que se requiere curaduría e interés. “No es solo comprar marcas caras; es educar el ojo para entender las proporciones y la calidad de los materiales. Es poder leer tu propio cuerpo, tal como es, procurando sacar tu mejor versión», explica.

«El desafío para quien lo aprende es que no parezca algo impuesto, sino una extensión de tu personalidad. El grupo de pares integra una tendencia, pero lo más importante es poder integrarla como propia. Ahí, deja de ser ‘lo que se usa’ para convertirse en ‘lo que yo elijo’.»

 

ARTÍCULOS RELACIONADOS