Nota BERNARDO LAPAST
En setiembre de 2024, Matthew Gallagher lanzó su empresa desde su casa en Los Ángeles con US$20.000, una docena de herramientas de inteligencia artificial y una idea que sonaba a experimento: vender medicamentos para adelgazar por internet sin médicos propios, sin farmacias propias, sin casi nadie. Dieciséis meses después, Medvi registraba ventas por US$401 millones, 250.000 clientes y un margen neto de 16,2%, equivalente a US$65 millones de ganancia. Su único empleado formal era su hermano Elliot.
Sam Altman lo había anticipado. En 2024, el CEO de OpenAI apostó con un grupo de directores tecnológicos a cuándo surgiría la primera empresa unipersonal valuada en US$1.000 millones. «Algo que habría sido inimaginable sin la IA, y que ahora va a suceder», dijo en un podcast. Cuando el perfil de Medvi apareció en el New York Times, Altman escribió que creía haber ganado esa apuesta.
«Unicornio» tiene una definición precisa: empresa privada valorada en más de US$ 1.000 millones por inversores, antes de cotizar en bolsa. Medvi no califica en sentido estricto -no recibió financiación externa ni tiene valuación oficial. Lo que tiene es una proyección de facturación de US$ 1.800 millones para 2026 y una rentabilidad que la mayoría de los unicornios formales nunca alcanzaron. Por eso algunos la llaman así. Y por eso otros discuten el término.
Hecha con IA
Medvi no desarrolla inteligencia artificial. No tiene investigadores. Lo que tiene es un embudo: capta pacientes con publicidad digital masiva, los conecta con médicos y farmacias tercerizadas a través de CareValidate y OpenLoop Health, y cobra US$179 por el primer mes de tratamiento con GLP-1. El resto lo hace la IA.
Gallagher usó ChatGPT, Claude y Grok para construir el sitio. Midjourney y Runway para generar imágenes y videos de anuncios. ElevenLabs para atención por voz. Bots propios para que sus sistemas se comunicaran entre sí. Agentes de IA para analizar rendimiento interno. En el primer mes consiguió 300 clientes. En el segundo, 1.000 más.
«No es una empresa de IA, pero lo hice con IA», dijo Gallagher.
Esa distinción importa. Medvi no inventó nada tecnológico: encontró un mercado con demanda explosiva -uno de cada ocho estadounidenses usa hoy medicamentos GLP-1- y lo atravesó con automatización, outsourcing y velocidad. Fue timing, marketing y una estructura de costos imposible de replicar con un equipo tradicional.
Lo que la IA no resolvió
La misma velocidad que permitió escalar también produjo los primeros cortocircuitos. El chatbot de atención al cliente inventaba precios —y Gallagher los honraba—. Afirmaba que Medvi vendía tratamientos para la caída del cabello cuando no era así. Cuando los clientes pedían hablar con una persona, el sistema transfería la llamada al celular de Gallagher. Recibió más de 1.000 llamadas de clientes directamente en su teléfono personal.
En marzo de 2025, cambió algo menor en el sitio y se fue de excursión. Mientras caminaba, recibió un llamado de su agencia de publicidad: no había habido pedidos en la última hora. Gallagher salió corriendo y calculó que el tiempo de inactividad le costó unos 200 clientes potenciales.
Terminó contratando dos ingenieros, un estudio jurídico, una firma contable, agencias de publicidad. En setiembre del año pasado sumó siete gestores de cuentas humanos, todos por contrato, cada uno con varios cientos de clientes asignados. Para manejar ese volumen, usan IA.
Afirmaciones engañosas
En febrero de 2026, la FDA envió a Medvi una carta de advertencia por «afirmaciones falsas o engañosas» en su sitio: la empresa sugería que mezclaba sus propios fármacos y que esos productos habían sido aprobados por la agencia, cuando no era así. Gallagher dijo que el lenguaje fue eliminado tras la advertencia. El mes siguiente, una demanda colectiva en California acusó a Medvi de usar dominios falsos y encabezados falsificados para eludir filtros de correo no deseado.
Pero hay más. Una investigación de la publicación especializada Drug Discovery & Development encontró más de 5.000 anuncios activos de Medvi en Meta, varios publicados bajo perfiles de médicos ficticios. Un perfil de «Dr. Robert Whitworth» —clasificado en Facebook como «sitio de entretenimiento»— promocionaba productos de Medvi con una dirección que no existe. Otros anuncios aparecían bajo nombres como «Profesor Albust Dongledore» y «Dr. Richard Hörzgock», con testimonios en video generados por IA y guiones idénticos reciclados en múltiples perfiles.
La proyección de US$1.800 millones de facturación para 2026 que circuló en medios tampoco es una valuación formal: es una extrapolación de ventas de una empresa que no tiene financiación externa ni valuación oficial. Hims & Hers, su competidor más cercano, tiene 2.442 empleados, generó US$2.400 millones en ingresos el año pasado y cotiza en bolsa con un margen neto de 5,5%. Medvi los supera en rentabilidad. Pero Hims responde ante accionistas, auditores y reguladores con una estructura que Medvi, por ahora, no tiene.
Fuentes: The New York Times, Clarín, Drug Discovery & Development








