Por Karina Spremolla
Crearon compañías emblemáticas y, un poco sin darse cuenta, forjaron también su identidad. El trabajo, el equipo, la marca, los problemas, las obligaciones fueron parte de ellos mismos. Y un día, eligieron vender lo que habían construido.
¿Qué pasó el día después de dejar de ser dueños? ¿Cómo vivieron el primer lunes sin reuniones, el primer año sin rendir cuentas o la primera agenda en blanco?
Rubén Sosenke fue co-fundador y CTO de PedidosYa durante trece años, desde que la empresa nació en 2007 hasta que se fue en 2020, con la compañía ya convertida en referente regional de delivery y parte del portfolio de Delivery Hero.
Martín Giuria co-fundó WoOw! en 2010, la plataforma de descuentos y e-commerce que en 2018 fue adquirida por el Grupo Ta-Ta.
Dos fundadores. Dos exits. Distintas formas de seguir adelante.
RUBÉN SOSENKE: El que se fue de a poco
Señalar un día puntual es casi imposible, porque nada fue de repente sino en etapas. La mayoría accionaria de PedidosYa se vendió en 2014. El resto en 2017, cuando la empresa compradora salió a bolsa.
Él se fue recién en 2020. «El primer día que técnicamente ya no tenía empresa fui a trabajar como siempre», dice. «No cambió mucho la sensación, no sentía que había dejado de ser mía. La motivación y las ganas seguían intactas«.
Lo que sí tuvo un peso diferente fue el día que se fue de la empresa para no volver. Lo que extrañó fue concreto: las personas, el trabajo en equipo, la cultura que habían construido, los desafíos.
«Eso no se reemplaza fácil», admite. Y lo que agradece no tener más, aunque no lo formule en esos términos, tiene que ver con el peso invisible de liderar: «El rol podía ser muy desgastante. El peso de las decisiones constantes, las situaciones a resolver que aparecen sin parar. Eso cansa de una forma que a veces no se nota hasta que ya no está».
El primer lujo que se permitió fue «poder decidir qué hacer con mi tiempo. Cómo equilibrarlo entre los distintos aspectos de mi vida».
¿Qué aprendió sobre sí mismo en ese período?: «Que si algo es alcanzable y me lo propongo, puedo hacerlo. Suena simple, pero vivirlo te lo confirma de una manera que no pasa de otra forma. Es una convicción que se construye con evidencia propia, no con autoayuda.»
Cuando habla de lo que haría falta para que volviera a empezar, lo tiene claro: problemas reales, con impacto real. «Me interesan las soluciones que realmente ayudan a las personas. No cosas banales, sino problemas relevantes, que impacten de verdad en la vida de la gente. No me convoca construir algo sin una razón de fondo que valga la pena».
Su consejo para alguien que está a punto de vender y tiene miedo de lo que viene después apunta directo al origen del miedo: «Que primero se pregunte si realmente quiere vender y si es necesario. Si hay tanta duda sobre el después, probablemente haya dudas también en el hoy. Lo que viene después siempre se resuelve. Lo mejor es no anticiparse demasiado, porque esa energía que se gasta imaginando escenarios futuros sirve más para tomar bien la decisión presente.»
MARTÍN GIURIA: El que se fue al mundo
Tenía 27 años cuando vendió. Toda su identidad estaba construida como fundador de WoOw!. El primer día sintió libertad, la capacidad de decidir y hacer lo que quisiera. Y también la sensación de tener que volver a empezar sin saber muy bien qué le esperaba. «Eran muchas emociones cruzadas: tristeza, alegría, melancolía, orgullo, miedo, esperanza, fe, libertad«.
La oportunidad de venta surgió mientras Giuria estaba de viaje: había vendido su auto, juntado sus ahorros y salido de mochilero. Sus ex socios quedaron gestionando el cierre.
«Mi desconexión comenzó cuando se cerró el proceso de venta, que fue al final del viaje. Mi duelo, si así se puede llamar, duró casi un año».
El lujo que se dio fue exactamente ese: viajar por donde quisiera, sin agenda programada. En ese período encontró un libro que le resonó: Travelogues, The Greatest Traveler of His Time, de Burton Holmes, un viajero del siglo XIX que en algún momento sintió culpa porque mientras sus conocidos acumulaban bienes materiales, él acumulaba historias. Al final de sus días se consideraba rico porque podía ir a su mente en cualquier momento y viajar. Giuria tomó esa idea como propia: el mayor activo era ser rico en experiencias.
Lo que aprendió sobre sí mismo tiene la estructura de un manifiesto personal comprimido: «Que el dinero es un medio. Que si nos esforzamos, somos curiosos y tomamos riesgos medidos, podemos aumentar las chances de tener suerte. Que tener tiempo para pensar, decidir y vivir es un lujo. Que nuestra identidad no depende únicamente de lo que hacemos, sino de cómo decidimos definirnos».

WoOw! desapareció luego como marca y Giuria lo vivió con distancia: «Si bien me hubiera gustado que perdurara en el tiempo, la realidad es que no me afectó. Mi identidad ya no dependía de ello».
Hoy, después de ocho años y de haber aprendido con quien él describe como uno de los mejores del mundo en venta de SaaS, Tito Bohrt, piensa que volvería a empezar para resolver algún problema que haya vivido en primera persona, con experiencia real para aportar, probablemente en inteligencia artificial aplicada a ventas.
Su consejo para quien está a punto de vender y tiene miedo: «Que es su oportunidad de reinventarse y de descubrir una nueva faceta. Que se den el tiempo de hacer el duelo y cerrar esa etapa antes de comenzar una nueva. Que los puntos se terminan conectando más adelante«.
«Nuestra identidad no depende únicamente de lo que hacemos,
Martín Giuria
sino de cómo decidimos definirnos.»






