CORPO / Inversiones & Negocios / Off the record / El ninguneo más caro de la historia del lujo
Enzo Ferrari subestimó a Ferruccio Lamborghini. Él salió de su oficina con una idea fija: hacérselo pagar.
05 06, 2026
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En los años 60, Ferruccio Lamborghini era uno de los industriales más ricos de Italia. Hijo de viticultores de Emilia-Romaña, había convertido camiones militares abandonados en tractores después de la Segunda Guerra Mundial. Tenía fábricas, propiedades y los mejores autos: un Jaguar, un Maserati y dos Ferrari —uno blanco para él, uno negro para su esposa.

El problema era que el embrague de su Ferrari se rompía todo el tiempo. Como era ingeniero y fabricante de maquinaria, Lamborghini lo desmontó él mismo. Lo que encontró lo dejó sin palabras: Ferrari usaba exactamente el mismo embrague que él ponía en sus tractores (y se lo cobraba cien veces más caro). Como conocía esa pieza mejor que nadie, también sabía cómo mejorarla. Decidió decírselo a Ferrari en persona.

La reunión fue corta. Enzo Ferrari era en ese momento el hombre más poderoso del automovilismo mundial -cuatro títulos en Fórmula 1, una fábrica en Maranello que era casi un templo, y la reputación de no tolerar críticas de nadie. Lamborghini explicó el problema y ofreció la solución técnica. Ferrari lo escuchó con desdén y respondió: «El problema no es el auto. Es el conductor. Volvé a tus tractores.»

Lamborghini salió de esa oficina con la decisión de construir su propio auto -mejor, más rápido y más confiable que cualquier Ferrari. Levantó una fábrica en Sant’Agata Bolognese, a pocos kilómetros de Maranello. Para conseguir ingenieros, fue directo al equipo de su rival: Enzo había despedido semanas antes a cinco técnicos clave por una disputa interna. Lamborghini los contrató a todos.

En cuatro meses tenía un prototipo listo. El 350 GTV se presentó en el Salón de Turín en octubre de 1963. Eligió al toro Tauro como logo. Más fuerte que el caballo de Ferrari. Más terco, también. Lamborghini vendió los primeros trece autos a pérdida.

Ferruccio nunca participó en carreras. Dijo siempre que sus autos eran para disfrutar en la ruta, no para competir. En los 70, la crisis del petróleo lo obligó a vender la empresa -pero la marca siguió, creció y se convirtió en uno de los símbolos de lujo más reconocidos del mundo. Enzo Ferrari nunca volvió a hablarle.

Fuentes: CBC Radio, Gran Turismo Events, Chronicles of Spirit, Clarín.

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