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Las claves de la dupla Kopel-Sánchez
13 05, 2026
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Por Bernardo Lapasta

Las claves de la dupla Kopel-Sánchez

En el mundo empresarial, las sociedades suelen ser frágiles. Las duplas, aún más. Sin embargo, algunas logran sostenerse en el tiempo, crecer y escalar. El caso de Fabián Kopel y Sebastián Sánchez -al frente de Kopel Sánchez Arquitectos- es uno de esos. Más de 25 años, más de 40 proyectos y más de 3.000 unidades construidas después, la pregunta no es cómo lo logran.

La respuesta aparece en la dinámica: confianza, complementariedad y una lógica compartida de toma de decisiones. En un negocio donde los proyectos superan los US$ 150 millones y los errores se pagan caro, la dupla no es un detalle. Es parte del modelo.

Fabián Kopel y Sebastián Sánchez cuentan cómo tomar decisiones sin romper la sociedad, qué hacer cuando aparecen diferencias, cómo se reparte -y se suelta- el control y por qué la confianza es una práctica cotidiana. También, sobre lo que no se ve: los momentos personales que tensionan el vínculo y la importancia de seguir eligiendo trabajar juntos.

Espalda con espalda y cuatro ojos

No hubo mentor, ni estructura previa. Hubo, según Kopel, “espalda con espalda, codo a codo” desde el inicio. La sociedad fue una necesidad. Y con el tiempo, se convirtió en ventaja.

“Siempre cuatro ojos ven más que dos”, resume. Aunque eso implique diferencias, discusiones o miradas distintas, el punto de llegada suele ser el mismo: un consenso que mejora la idea inicial.

Sánchez lo plantea en términos de proceso: compartir los altibajos, contrastar opiniones y sostener decisiones en conjunto. En una profesión donde los proyectos son largos, complejos y expuestos, la posibilidad de no estar solo no es menor.

Liderar sin dividir

En la práctica, la dupla funciona con una lógica flexible: cada proyecto tiene un referente, pero las decisiones importantes buscan acuerdo. No hay una división rígida del poder, sino una distribución natural.

“Lo más importante es buscar consensos. En los aciertos, pero también en los errores”, dice Kopel. Porque, en definitiva, equivocarse solo es más difícil que hacerlo acompañado.

Sánchez lo simplifica: cuando uno lidera, el otro opina. Y así se decide.

El valor del desacuerdo

Aunque coinciden en lo esencial, las diferencias aparecen.

“No chocamos tanto”, aclara Kopel. Cuando pasa, suele ser por detalles o por falta de tiempo para alinear. De hecho, esos momentos de “desalineación” derivan en algo que consideran clave: espacios para pensar juntos. Viajes, trayectos, tiempos muertos que se transforman en instancias de conversación estratégica.

Para Sánchez, el desacuerdo tiene un efecto concreto: “el resultado final consensuado es mejor que el inicial”.

Dos perfiles, un mismo ritmo

La complementariedad aparece clara cuando hablan del otro. Kopel destaca en Sánchez su capacidad ejecutiva: llevar ideas a la práctica sin freno. “No le tiene miedo” a decidir. Sánchez, en cambio, resalta en Kopel su capacidad de análisis y lectura de la realidad.

No es una división formal, pero sí una dinámica que se consolidó con el tiempo: uno empuja, el otro procesa. Ambos hacen.

Esa lógica también se refleja en la toma de decisiones. La mayoría puede tomarse sin consultar, siempre que no comprometa al conjunto. La clave es la confianza y entender cuándo el otro necesita ser parte.

Crecer sin perder la dupla

A medida que el negocio creció, algo cambió: el tiempo. Hoy hay menos espacio para decidir todo en conjunto y más autonomía en lo operativo. Pero los lineamientos estratégicos siguen siendo compartidos.

“Es importante mantener espacios para trabajar en conjunto”, señala Kopel. Ya no para el día a día, sino para definir hacia dónde va la empresa.

Ese crecimiento también se ve en la escala de los proyectos. Desde viviendas iniciales hasta desarrollos como Ventura Sky Residences o Cristalinas, la empresa avanzó bajo una lógica constante: validar antes de crecer, financiar antes de vender y construir con previsibilidad.

La regla invisible

No hay contrato escrito, pero sí una regla implícita: pensar en el otro. En decisiones, en espacios, en participación.

Para Kopel, eso implica algo concreto: preguntarse si el otro debería estar en determinada instancia. Para Sánchez, se resume en tres pilares: valores compartidos, amistad y confianza.

Esa base es la que permite sostener la sociedad más allá de los proyectos.

El otro sostiene

En más de dos décadas, no hubo una crisis de la dupla como tal, pero sí momentos que la pusieron a prueba: situaciones personales, familiares, tiempos difíciles, como fallecimientos o separaciones.

Desde internaciones hasta separaciones, pasando por los primeros años de incertidumbre, el esquema se mantuvo. Con una lógica simple: si uno no está, el otro sostiene.

“Si pasa algo, el otro aguanta”, dice Kopel.

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