Fotografía Leandro Méndez
“¿Dónde nos gustaría atender a nuestras propias familias?” Esa fue la pregunta que se hicieron los médicos que fundaron Medicina Personalizada (MP) hace más de cuatro décadas. La idea: construir un sistema de salud en el que confiarían para atender a sus hijos, padres o parejas.
Esa lógica toma ahora una nueva forma. En marzo, MP inauguró la Clínica Mujer: el primer modelo dentro de un seguro privado en Uruguay que aborda la salud femenina por etapas de vida y no por especialidades. En ese sentido son pioneros en Uruguay en incorporar este enfoque multidisciplinario en el que vienen trabajando desde hace ya un tiempo. No hay ginecología separada de urología, separada de la nutrición o de la salud mental. Hay programas. Y hay una figura que conecta: la nurse navegadora.
Para el ginecólogo Enrique Pons, referente médico de la clínica, no hay dudas que se trata de un verdadero diferencial.
Hasta ahora, era frecuente que una mujer hiciera de mensajera entre profesionales. Sacaba turno en un consultorio, pedía que la derivaran a otro especialista, esperaba resultados en un tercero como en un “ ping pong yendo y viniendo a pedir un pase”, describe la ginecóloga Virginia García Reyes, parte del equipo médico.
La navegadora coordina estudios, conecta especialistas, acorta tiempos y está disponible por teléfono para resolver dudas o destrabar trámites.

Etapa minimizada
Históricamente la menopausia fue una de las áreas menos desarrolladas de la medicina especializada. “Es una etapa de la vida que ha sido menospreciada, minimizada, ocultada durante muchísimos años”, explica García Reyes.
Pons lo plantea directo: “La mujer había terminado lo que importaba, que era reproducirse”.
Por su parte, la directora Patricia Prego ubica con precisión la otra novedad que aporta la clínica. En Uruguay ya existían profesionales que trabajaban este enfoque de manera privada e independiente: “Somos pioneros en incorporar este enfoque dentro del sistema integral de salud”.
La clínica comienza con tres programas (menopausia, piso pélvico y mama). Son áreas donde la consulta suele llegar tarde, donde el silencio es frecuente y donde no atenderse a tiempo puede tener consecuencias serias.
Círculos concéntricos
Detrás del modelo hay un cambio conceptual que Pons resume: “La mujer no es un síntoma, no es un problema, no es una patología. Es un ser individual con problemas individuales y con una vida en la cual decidió tomar determinados caminos”.
Organizar la atención por etapas de vida es la consecuencia directa de esa idea.
Los próximos programas en desarrollo son adolescencia femenina y sexualidad.
“Es trascendente darle respuesta a cualquier planteo que nos haga una mujer a lo largo de su vida”, dice Pons.
La clínica funciona como círculos concéntricos. En el centro están los tres programas actuales. Alrededor, especialistas en cardiología, psiquiatría y psicología que pueden integrarse al proceso a través de la nurse navegadora.
Pons, que podría estar jubilado, sigue trabajando en la clínica. Su explicación funciona también como muestra de la filosofía que subyace: “ Somos mucho más que funcionarios, somos una parte complementaria de todo lo que esto quiere hacer. Y eso es sumamente gratificante. Con los años que tengo podría estar tranquilo en mi casa jubilado, pero no quiero hasta que me venza la naturaleza, abandonar algo que me ha hecho sentir que es mío.»
250 síntomas
El programa de menopausia es el más disruptivo. ¿El dato más sorprendente?.
“Hay más de 250 síntomas que están vinculados al climaterio de la menopausia que pueden derivar desde el humor, la calidad del sueño, dolores musculares”, señala García Reyes.
El equipo incluye nutricionista con especialización en salud femenina, educadora física y sexóloga.
En piso pélvico, el problema es que muchas mujeres ni siquiera llegan a la consulta por vergüenza o por minimizarlo. En el programa de mama, la lógica es la del diagnóstico precoz.






