CORPO / Lifestyle & Arte / Vestirse es una decisión estratégica
La indumentaria no es solo imagen. Es señal y herramienta de desempeño: afecta procesos internos -cognitivos y de autopercepción- y condiciona valoraciones externas sobre riesgo e idoneidad, según el contexto donde se usa.
01 06, 2026
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Por Ramiro de León de Armas
Decano de la Facultad de Diseño y Comunicación Universidad de la Empresa

No hablamos aquí solamente de moda o de imagen personal, sino de la congruencia del usuario y la de su aspecto con el rol que pretende para ese contexto y las expectativas que ese contexto comunica. Estas valoraciones son observables claramente en eventos de negocios, donde la congruencia y la confianza entre las partes juega un valor fundamental para el desarrollo de proyectos en común.


La variable interna

El estudio Provisional Selves: Experimenting with Image and Identity in Professional Adaptation de Herminia Ibarra de Harvard Business School plantea el concepto de «Yoes Provisionales» para afrontar un desafío. Ibarra demuestra que la prenda es esa investidura transitoria que le permite al cerebro prepararse, ponerse a prueba, experimentar y finalmente incorporar la autoridad y eficacia necesarias para una negociación difícil.


En el mismo sentido, Adam y Galinsky introducen su concepto de Enclothed Cognition para explicar que el atuendo influye en los procesos psicológicos cuando concurren dos factores: el aspecto simbólico de la prenda y la experiencia sensorial de vestirla. Los ejemplos más comunes -como los uniformes- tendrían su equivalente en la vestimenta formal o business attire, como también en opciones menos formales pero con intención estética.

Vestirse, entonces, es una operación cognitiva: tramita la interacción entre el cuerpo y la conducta.


La variable externa

La vestimenta es expresión pública del usuario. Es instantánea y no necesita palabras. Por ese motivo es un componente significativo en la percepción interpersonal: como señalan Heather y Hehman, organiza inferencias sobre identidad social, estados internos, intenciones y rasgos.

Es difícil definir una señal concreta del atuendo que active o revele el rango del individuo. Sin embargo, el descuido general o el uso de ropa operativa en contextos de negocios puede producir una lectura adversa frente a quien muestra intención en el arreglo personal. No hablamos necesariamente de estructura, moda o seriedad, sino de la atención al aspecto y su correlación con el rol -transitorio o no- que se busca incorporar.


Algunos argumentan el descuido como muestra de autenticidad o rebeldía, y se toma como ejemplo a figuras como Mark Zuckerberg. Pero este abordaje presenta fisuras, como las que Bellezza, Gino y Keinan detallaron en su estudio de Harvard El Efecto de las Zapatillas Rojas: esos ejemplos de desarreglo solo funcionan como desviación deliberada, respaldada por un inmenso capital simbólico que los antecede.


Este análisis no defiende la formalidad rígida sino una expresión intencional y estratégica a través de la indumentaria. La evidencia sugiere que el cuidado en esa expresión tiene efectos profundos —tanto personales como sociales— y propone una transición clara: del «vestir operativo» al «vestir estratégico».

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