Fotografía Leandro Méndez
Daniel Murillo había pasado buena parte de su vida profesional en los escenarios más exigentes de la medicina. De adolescente, en Artigas, mientras leía la única revista de ciencia en inglés que llegaba a la ciudad, soñaba con ser Nobel de Medicina”. En Montevideo fue internista, emergencista y neumólogo. En Barcelona se especializó en trasplante pulmonar. Investigó en la Universidad de Pittsburgh, y durante dos décadas fue docente universitario. Hasta que, en 2018, una infección afectó su corazón. Debió atravesar tres meses de CTI, una operación de 11 horas y una recuperación de seis meses. Cuando supo que iba a vivir, se preguntó qué hacer con esa segunda oportunidad.
“No quiero volver nunca más a un CTI, ni de un lado ni del otro”, le dijo entonces a su esposo, Leonardo Pérez Álvarez. El problema era que Daniel tampoco imaginaba una vida lejos de la ciencia.
Leonardo, oriundo de Cerro Largo, tenía más de 20 años en recursos humanos de empresas nacionales y multinacionales -14 de ellos como director de RRHH de Tupperware-, además de un MBA y una maestría en Marketing y Dirección Comercial. Fue quien visualizó una posibilidad en la medicina estética: un rubro con proyección y con mejor calidad de vida. La respuesta del médico fue tajante: “para mí eso no es medicina”. Hoy Murillo lo admite con humor: “En un extremo estaba el trasplante de pulmón y el otro extremo estaba la medicina estética, que para mí era medicina chamánica”.
El acuerdo fue explorar antes de descartar. Viajaron a Buenos Aires para una formación y allí se entendió que el cambio no exigía abandonar todo lo aprendido. Podía trasladar a la medicina estética una mirada clínica y científica; y así propiciar una transformación en el rubro. Tras ocho meses de formación fuera del país, en noviembre de 2019 ambos fundaron Murillo Medicina Estética.
La clínica nació de la convergencia entre dos perfiles: uno concentrado en la medicina, la investigación y la docencia; el otro, en la gestión, el liderazgo y la estrategia comercial. Las condiciones fundacionales fueron hacer ciencia dentro de la medicina estética.
“La persona viene con una problemática. Quien determina qué tratamiento es el indicado, cómo y por qué es el médico”, advierte Daniel. Por eso, el ingreso comienza con una consulta para entender la problemática y las necesidades de cada paciente, que puede extenderse durante una hora y deriva en protocolos personalizados, combinaciones de procedimientos y seguimiento. El objetivo, es acompañar cada etapa con resultados naturales y seguridad médica.
La clínica no compite por volumen sino por perfil de paciente. Según sus directores, más del 76% de quienes llegan a la consulta acepta el presupuesto, y hay pacientes que se atienden una vez al mes desde la apertura.
DE ALUMNOS A FORMADORES
En una formación organizada por un laboratorio internacional, el perfil de Daniel llamó la atención y los papeles se invirtieron: de alumno pasó a formador. Hoy es Global Speaker de la alemana BioScience GmbH y trainer para América Latina y Central de dos de sus fillers y KOL de la marca checa de equipamiento médico estético BTL. Desde hace un año y medio capacita médicos en Perú, Costa Rica y Ecuador, una semana por mes. La clínica contabiliza más de 980 profesionales formados en la región. Pero resalta Pérez Álvarez, el conocimiento acumulado se convirtió en un servicio exportable hacia la región, que los lleva a estar una semana por mes trabajando fuera del país.
En febrero de este año, Murillo se convirtió en el primer uruguayo en exponer en IMCAS Paris, el congreso mundial más importante de medicina estética. Para Murillo, el cambio le devolvió dos cosas que había dejado atrás. Una es la docencia: “extrañaba mucho ser docente”. La otra es la investigación, con proyectos en curso junto a colegas del exterior y el reciente reconocimiento como mejor proyecto de investigación en medicina estética y longevidad en el MasterHub de Argentina.
HACIA DÓNDE VAN
La próxima etapa tiene dirección: Echevarriarza, esquina Julio César. Ahí funcionará la nueva sede, con la longevidad y estética como ejes. No empiezan de cero, porque ya trabajan ese enfoque con pacientes. La nueva sede lo formaliza: suma aparatología, especialidades vinculadas a la longevidad y la medicina regenerativa y la formación de profesionales como línea propia. La propuesta integra evaluación médica, sueño, nutrición, actividad física, composición corporal y salud metabólica y hormonal.
Murillo delimita el concepto: “Medicina de longevidad no es gerontología, no es gerosciencia”. Tampoco se trata de prometer más años de vida. Se trata de detectar a tiempo cuándo algo empieza a desviarse en el sueño, la nutrición, el metabolismo o el sistema hormonal, y corregirlo mientras se puede. “No solo es vivir más años, sino cómo vivirlos”.
La clínica que nació de una experiencia límite se prepara así para su segunda reconversión. Y la ciencia que estuvo en el origen sigue siendo el punto de partida.







