CORPO / Liderazgo & Gestión / Tus datos no deciden solos, la IA tampoco
Las empresas ya tienen tecnología e información. Lo que les falta es el perfil capaz de convertirlas en decisiones y ventaja competitiva.
03 08, 2026
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Mag. Mauro Aliskevich, coordinador académico de Finanzas y Analytics de la Escuela de Negocios de la Universidad ORT Uruguay.

Fotografía por Santiago Mondo

Cuánto de lo que invirtió tu empresa en tecnología durante el último año cambió realmente la forma en que toman decisiones? No si se incorporó un CRM, implementó un dashboard o comenzó a utilizar inteligencia artificial. La pregunta es: ¿esas herramientas modificaron la manera en que la organización decide? Para muchas empresas, la respuesta sigue siendo poco. O nada.

Las organizaciones acumulan información como nunca antes. Registran el comportamiento de sus clientes, monitorean procesos productivos, siguen indicadores comerciales y financieros en tiempo real y disponen de herramientas capaces de procesar enormes volúmenes de datos. Sin embargo, cuando llega el momento de definir una estrategia, asignar recursos o anticipar un cambio del mercado, la intuición continúa ocupando un lugar central.

¿Por qué muchas organizaciones todavía no logran convertir esa mejor capacidad en mejores decisiones? La respuesta está en una ausencia que pocos identifican, según Mauro Aliskevich, coordinador académico de Finanzas y Analytics de la Escuela de Negocios de la Universidad ORT Uruguay, y también empresario: “Las empresas tienen mucha información, conocen a sus clientes y sus productos, pero a esas bases muy pocas veces se les saca el jugo. Los empresarios creen que con más inversión van a lograr mejores resultados y aun así terminan tomando decisiones con la intuición. Y eso es porque no hay nadie que pueda presentar la información de una forma clara”.

El traductor de datos

Ese “alguien” no es un científico de datos ni tampoco un gerente tradicional. Es un líder de datos: un profesional capaz de entender el negocio, comprender el potencial de los datos y transformar esa información en decisiones concretas. Un puente entre dos mundos.

“Lo que hace mucha falta es una especie de traductor entre el que sabe de la parte tecnológica y el que toma decisiones”, resume Aliskevich.

Ese perfil híbrido interpreta información, ayuda a formular las preguntas correctas, identifica qué datos realmente generan valor y comunica los resultados de una manera que un directorio pueda convertir en acciones.

La necesidad surge, en buena medida, porque el sistema educativo tradicional formó especialistas en dos caminos paralelos. Por un lado, quienes dominan la ingeniería, la ciencia de datos y la analítica. Por otro, quienes desarrollan carreras vinculadas al management, las finanzas o la estrategia empresarial.

El resultado es conocido: abundan profesionales que entienden la tecnología pero desconocen el negocio, y también ejecutivos que conocen profundamente el negocio pero no saben qué pueden pedirles a los datos.

En el medio aparece una brecha que tiene un costo cada vez más visible e impacta en la competitividad. “Compraste la herramienta, tenés los datos y seguís decidiendo igual que antes. Ese es el costo: pagar por una capacidad que nunca se convierte en ventaja”, sostiene Aliskevich.

El error, explica, suele producirse mucho antes de elegir una plataforma o implementar una solución tecnológica. “Primero está la decisión que tenés que tomar; después, el dato que la informa; y al final, si hace falta, la herramienta”.

La IA acelera el desafío

La expansión de la inteligencia artificial generativa volvió todavía más evidente esa necesidad. Hoy cualquier área de una empresa puede acceder a herramientas capaces de analizar información, generar contenido o proponer escenarios. Pero disponer de esas capacidades no garantiza mejores decisiones. Por el contrario, obliga a desarrollar nuevas competencias.

Para Aliskevich, el verdadero desafío consiste en entender qué preguntas hacer, cómo interpretar las respuestas y qué información puede compartirse sin comprometer datos sensibles. “La IA funciona con información general. Después está en nosotros ver que esa información realmente sea aplicable a mi empresa, a mi entorno, a mi realidad”, advierte.

La diferencia competitiva empieza a desplazarse desde la tecnología hacia las personas capaces de utilizarla con criterio. Porque cualquier organización puede comprar una herramienta, pero no todas saben convertirla en una ventaja.

Frente a esa necesidad emergente, la Escuela de Negocios de la Universidad ORT Uruguay desarrolló el Master en Business Analytics, una propuesta orientada a formar profesionales capaces de conectar el análisis de datos con la estrategia de negocios y asumir ese rol de articulación entre la tecnología y la toma de decisiones que las organizaciones comienzan a demandar.

Porque, como resume Mauro Aliskevich: “No te falta tecnología. Te falta alguien que la traduzca”.

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