CORPO / Inversiones & Negocios / Q5: Responde Horacio Alvarellos
03 08, 2026
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Director de Negocios de IBF Negocios.

Sos argentino y en 2015 elegiste quedarte en Uruguay. ¿Cómo evalúas esa decisión?

Fue una decisión estratégica acertada. Uruguay es el ecosistema ideal para quienes han consolidado una carrera profesional y buscan un equilibrio real entre impacto laboral y calidad de vida. Al superar los 45 años, empiezas a valorar el tiempo, la seguridad y la proximidad que este país te permite gestionar; es un lujo que en mercados más grandes suele ser inalcanzable. Aquí la cercanía con los tomadores de decisión y la capacidad de influir positivamente en el ecosistema es real y tangible. Eso fue un descubrimiento que cambió mi forma de hacer negocios

¿Qué aprendiste sobre las familias empresarias que no sabías antes de IBF?

Que el ‘problema de la sucesión’ es un factor determinante en el mercado del capital privado. Muchos fundadores no logran preparar la transición generacional a tiempo, lo que obliga a los hijos a buscar otros rumbos. En IBF hemos comprobado que esta falta de un sucesor claro es el motor que impulsa a muchos dueños a ver en el capital privado la única alternativa viable para garantizar la continuidad y el legado de sus empresas hacia el futuro.

¿Con qué empresario te gustaría charlar y de qué hablarían?

Con Mario Pergolini. Lo sigo desde sus inicios y me fascina su evolución: desde aquella tenacidad casi temeraria por llegar a director en Radio Belgrano, hasta su capacidad actual para entender la tecnología y crear contenido que rompe el status quo. Más allá de su faceta mediática, lo que me interesa es su mentalidad de ‘constructor’: cómo gestiona el riesgo, cómo identifica oportunidades donde otros ven ruido y, sobre todo, su habilidad para armar equipos de alto rendimiento que ejecuten esa visión.

Has dicho que lo que más aparece en los dueños de PYME es la soledad, ¿Cuál es el mejor antídoto?

Es un riesgo real, y el antídoto es, sin duda, la colaboración activa. Para mí, el camino tiene dos ejes: primero, hacia afuera, participar en espacios como ACDE / GADE o Vistage, entre otros, donde te das cuenta de que tus problemas no son únicos; compartir es liberador y enriquecedor. Segundo, y más importante, hacia adentro: el liderazgo solitario ya es cosa del pasado. La transparencia y el trabajo en equipo son el mejor seguro contra la soledad.

¿Algo que cambiaste de opinión en los últimos años?

Mi socio y amigo, Hugo Benedetti, me dejó una máxima que se convirtió en mi brújula diaria: ‘¿Preferís tener razón o preferís ser feliz?’. Aplicarla ha sido transformador. Entendí que el ego de imponer la ‘razón’ suele ser el mayor obstáculo para cerrar un acuerdo o mantener una relación a largo plazo. Hoy soy mucho más flexible en los ‘cómos’, pero mucho más disciplinado y prudente en los ‘qués’. Negociar con esta mentalidad no significa perder fuerza, sino ganar en efectividad: mantengo mi personalidad y mis convicciones, pero priorizo siempre el resultado conjunto y la sostenibilidad del vínculo sobre el deseo de ganar una discusión puntual.

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