CORPO / Marketing & Comunicación / “La desconfianza es un impuesto silencioso”
La falta de licencia social lleva a demoras, trabas, sobreregulación y hasta la paralización de proyectos empresariales
04 03, 2026
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Leandro Méndez

Diálogo de sordos, más costos, menos viabilidad y enorme frustración. Este camino transitan muchos proyectos sólidos en Uruguay que por falta de legitimidad social se enlentecen o directamente no avanzan.

Cuando la dimensión social se bloquea todo se vuelve más lento y caro. Y se traduce en un “impuesto silencioso”

Daniel Laino, director de Improfit, junto a Gabriel Corbo y Silvia Piñeiro, fundaron Colectiva en 2025, un spin off de la agencia de comunicación Improfit. Colectiva se enfoca en generar “acuerdos para el desarrollo” gestionando las relaciones entre empresas y comunidades

Uruguay es visto como un país estable. Sin embargo, muchos proyectos avanzan a paso lento o directamente se frenan. ¿Dónde se rompe el sistema?
Daniel Laino: Se rompe en la legitimidad social. Cada vez más proyectos se traban no por problemas técnicos, ambientales o financieros, sino por desconfianza. Es un costo invisible que actúa como un impuesto silencioso: ralentiza procesos, encarece decisiones, presiona a sobreregular y desgasta a todos los actores involucrados. Si bien el sistema político sigue siendo el gran mediador, los actores locales han ganado mucha capacidad de generar agenda.

¿Por qué “impuesto”?
Laino:
Porque nadie lo presupone, pero todos lo pagan. Cuando la desconfianza se instala, aparecen movilizaciones, presión sobre plazos regulatorios y un clima de rechazo que condiciona todo. Ese costo no figura en ningún Excel, pero vuelve todo más lento, más caro y más riesgoso. El problema mayor es que se retroalimenta y deja a todos a la defensiva.

Y cuando se llega a esto, cualquier conversación puede terminar en conflicto: se instala un diálogo de ¨sordos¨, aumentan los costos, se compromete la factibilidad y crece la frustración. Y lo más complejo es que comienza a generarse un modelo de confrontación que se contagia entre proyectos.

Ustedes hablan mucho de “territorio”. ¿Qué suele no entenderse ahí?
Gabriel Corbo:
El territorio es mucho más que un espacio físico. Es un entramado de infraestructuras, servicios, historias, identidad, cultura y creencias. Hay territorios más reactivos y otros más abiertos a lo nuevo. Si no se comprende ese entramado, se corre el riesgo de pensar los proyectos sólo como temas de mercado.

¿Qué cambió en la manera en que se forma la opinión pública?
Laino:
Tres cosas: velocidad, atención y fragmentación. La opinión se forma antes que la información oficial y muchas veces queda cristalizada en un “sí” o “no”. La conversación pública corre más rápido que la capacidad de las instituciones para explicar, y eso termina influyendo en decisiones y plazos regulatorios. En Uruguay se ve claro: en temas como el petróleo, hemos realizado estudios que muestran tres tercios (a favor, en contra y sin opinión), pero dos tercios ya toman posición de entrada, aún sin conocer beneficios o riesgos. La opinión se cristaliza más rápido que la capacidad de las instituciones para informar.

Vivimos en un mundo nuevo de zero click, de titulares y resúmenes hechos por la IA. La reputación se está jugando antes de que la empresa hable del tema específico.

¿Entonces el problema es de comunicación?
Corbo:
No exactamente. Comunicar es explicar, motivar; gestionar lo social es generar hechos y compromisos mutuos a partir de una realidad social determinada. Esto requiere perfiles y know hows distintos. Colectiva nace para ocupar ese espacio: ser puente entre empresas, comunidades y Estado, con reglas claras, continuidad y objetivos compartidos.

¿Cómo trabajan concretamente?
Corbo:
Siempre empezamos por comprender el territorio: actores, intereses, identidades, memorias. Luego diseñamos y facilitamos instancias de diálogo y participación, y finalmente construimos acuerdos territoriales que integran política pública, iniciativa privada y sociedad civil, con impactos medibles. La idea es anticipar controversias y destrabar la implementación.

¿En qué sectores esta tensión es más visible?
Laino:
En general en sectores donde la infraestructura es un factor importante como las energías, pero también los vemos en áreas de innovación como la tecnología o el turismo. El fenómeno NIMBY (not in my backyard) se está viendo cada vez más de forma transversal. Aún cuando hay necesidades importantes de desarrollo, y de trabajo, las comunidades se tensionan entre las expectativas y los temores. Son sectores donde la conversación pública corre más rápido que los tiempos institucionales. La discusión se instala antes de que las evidencias y los estudios estén sobre la mesa.

¿Pueden compartir ejemplos concretos?

Corbo: Sí. Colectiva trabaja en 4 líneas: consultoría, gestión territorial, desarrollo de cadenas de valor y proyectos de desarrollo local. Como ejemplos concretos, estamos trabajando en desarrollo local el eje de la Ruta 101 en la temática de empleabilidad juvenil; en Paysandú trabajamos en cadena de valor y desarrollo local en el área de energías verdes; en gestión territorial en Canelones con el tema de compostaje industrial; en consultoría en Soriano con temas de relleno sanitario y con algunos municipios estamos apoyando el diálogo comunitario y la elaboración de planes territoriales.

¿Qué deberían recalibrar hoy los líderes empresariales?
Laino: Que la estabilidad que todos valoramos del Uruguay no es gratis. Requiere encontrar puntos de valor compartido y evitar fracturas. Y en ese sentido las comunidades no pueden ser vistas como un trámite o un peaje, ni como una mera transacción. Son actores con memoria, valores, creencias, expectativas y creciente capacidad de influir. En un país donde la desconfianza al privado está instalada, la confianza no aparece sola; hay que diseñarla desde el inicio.

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