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Qué lugar empezó a ocupar la IA en la cotidianeidad de quienes toman decisiones.
05 06, 2026
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Nota por Gabriela Malvasio

En el  desayuno CORPO de mayo, Nicolás Jodal, fundador de GeneXus, contó que en sus traslados diarios en auto va “conversando con Grok”, la IA de X. La tiene integrada en el auto y es un uso habitual: viene todos los días aprendiendo y charlando de camino a la oficina. Esa mañana le había consultado por sistemas de inteligencia artificial para estudios de abogados, quería entender el modelo de negocio.

«Estoy convencida que la dimensión humana
es lo que hay que cuidar y desarrollar.»

Lourdes Álvarez, directora de Hering Uruguay

En su entrevista con CORPO, Manuel Antelo, fundador del grupo que incluye Car One y Groupe CAT, señaló que usa la IA como organizador. Hace poco le pidió que le armara un itinerario de viaje en Francia. «Me mandó a los lugares indicados, reservé los hoteles que me sugirió. Es increíble», dijo. Su oficina, aclaró al final de esa conversación, es su celular.

No son casos aislados. En publicaciones de negocios -principalmente de Canadá y Alemania- empezó a documentarse en los últimos meses un patrón: ejecutivos que usan la IA en el trayecto al trabajo, líderes que la consultan antes de decisiones importantes o que le piden feedback sobre sus propios discursos, CEOs que usan IA como «thought partner». Hasta casos más extremos de CEOs que volvieron a hacer ellos mismos, con ayuda de IA, tareas que habían delegado hace años. Pero lo más frecuente es un uso cotidiano, más personal, y que revela que es una especie de compañera de ruta para pensar, desafiar ideas, explorar, ordenar criterio, discutir decisiones.

Parte del día, todos los días

Los cuatro ejecutivos consultados la usan a diario. Marcelo Giuseppini, CEO de Handy, describe el piso de ese uso: resumir los correos más importantes de la jornada, organizar la agenda, redactar comunicados, armar presentaciones, traducir informes y generar resumenes ejecutivos. «A diario, uso Copilot y principalmente Claude», dice. Nicolás Oliveri, gerente general de Joacamar, usa IA para mails, documentos, análisis, add-ins de Excel, automatización de escritorio. Javier Azcurra, director de Relaciones Institucionales, Ventas y Operaciones Hoteleras de Enjoy Punta del Este, suma una dimensión más personal: también para planificar viajes y estructurar sus entrenamientos de aguas abiertas. «Se transformó en un apoyo cotidiano para pensar, aprender y tomar decisiones con mayor velocidad», dice.

El criterio que Lourdes Alvarez, directora de Hering, es preciso: «No soy de preguntar qué comemos hoy, pero sí qué solución logística optimizada me puede plantear para definir diferencialmente las coberturas de producto por ejemplo.» Su esfuerzo, aclara, está en plantear cuestionamientos ricos en información para que las respuestas sean de excelencia.


Desde setiembre, su empresa implementó agentes de IA en atención al cliente, conciliaciones, planificación y seguimiento de productos. El resultado, dice, fue menos tiempo procesando información y más tiempo para analizarla.

El momento en que algo cambió

Todos identifican un punto de inflexión, aunque no todos lo vivieron igual. Azcurra empezó usándola «casi como una evolución de Google», hace más de dos años. El salto llegó cuando descubrió que podía analizar escenarios, desafiar ideas, ordenar pensamientos complejos, resumir documentos extensos. «No era solo un buscador más eficiente, sino una herramienta capaz de potenciar la forma en que trabajo y reflexiono.» Oliveri agrega otra dimensión: lo que cambió no fue solo qué hace más rápido sino cómo se llega a pensar las cosas. «Hoy me animo a explorar temas que antes ni arrancaba porque el costo de entrada era muy alto. Ahora arranco, y en el camino voy afinando.»

Giuseppini llevó ese cambio al territorio de las decisiones. Todas las decisiones relevantes o estratégicas las conversa con Claude antes de tomarlas. No para validarlas, aclara, sino para iterar. Tiene conversaciones de dos o tres horas yendo y viniendo hasta llegar a lo que entiende pertinente. «Casi siempre termino con algo más robusto que la idea original. Hoy me costaría volver atrás, es ya parte de mi rutina.»

Lourdes lo mira desde los equipos: lo que cambió no fue una tarea sino el modo en que se trabaja. Se buscan alternativas y se analizan resultados en lugar de ocuparse de cuestiones operativas que antes llevaban mucho tiempo. «Surgen formas de trabajar más creativas basadas en el intercambio que nos despiertan de procesos estandarizados que quizás estaban mucho más regidos por la costumbre.»

«Casi siempre termino con algo más robusto que la idea original. Hoy me costaría volver atrás, es ya parte de mi rutina.»

Marcelo Giuseppini, CEO de Handy

El mayor error

En el diagnóstico sobre dónde está el riesgo, Azcurra y Oliveri coinciden en el mismo punto, con distinto énfasis. Para Azcurra hay un doble riesgo: ignorarla y quedarse afuera de una transformación enorme, o creer que puede reemplazar completamente el criterio humano.  «El mayor error es pensar que nunca se equivoca, que porque suena bien, es verdad.» Oliveri desarrolla el mecanismo: la IA escribe fluido, con seguridad, con estructura, y eso genera una confianza que no siempre está justificada. «Si llegás sin criterio propio, si no cuestionás lo que te devuelve, te lleva puesto», advierte.

Giuseppini apunta al mismo problema desde la práctica: hoy todos los modelos aclaran que hay que validar lo que responden, pero hay mucha gente que lo da por sentado. «La forma de responder que tienen estos modelos hace que muchas veces se dé por sentado que lo que responde es lo correcto y que no busquemos fuentes complementarias. Eso es un tremendo error y peligro en el que hay que trabajar y educar muchísimo.»

Lourdes ubica el error en delegarle demasiado al proceso. «El mayor error de las personas es la comodidad. Hay una tendencia a delegarle a la IA hasta las decisiones más simples.» El que no se exige se adormece, dice, y eso no le hace bien a nadie. Añade que no hay que perder de vista que es una herramienta basada en casuística, no en un cerebro pensante.

Giuseppini señala además una consecuencia que va más allá de lo individual: quienes tienen experiencia razonando problemas complejos pueden apalancar enormemente su capacidad, pero quienes tienen menos acceso o menos práctica quedarán atrás. «Se puede abrir una brecha cada vez más grande en términos del buen uso de la herramienta. Hay que seguirlo muy de cerca para ver cómo ayudar al que está más lejos.»

«Si llegás sin criterio propio, si no cuestionás
lo que te devuelve, te lleva puesto.»

Nicolás Oliveri, gerente general de Joacamar

Lo que no se delega

Oliveri es directo: «Lo que no delegué es el criterio. Eso sigue siendo mío.» El resto coincide con esa visión. Azcurra señala que las habilidades que van a ser más valiosa son: empatía, escucha activa, inteligencia emocional, capacidad de generar confianza. Lo verdaderamente diferencial, dice, será la capacidad humana de conectar y liderar.

Giuseppini elige también la empatía y le suma la negociación. Su argumento es específico: en un mundo donde la IA siempre te da la razón, pararse desde el lugar del otro y negociar se vuelve escaso y valioso. «Si todos le preguntamos a nuestro modelo de IA de confianza algo y siempre nos da la razón, empatizar y negociar cada vez es más relevante.»

Lourdes apunta a que «las emociones, la vivencia, el vínculo interpersonal es lo que la IA no va a poder sustituir.» Y condensa en una imagen: «¿Cómo le explico que el aroma que sentía en mi casa cuando mi abuela cocinaba no me lo va a dar nunca su mejor y más esmerada receta de cocina? Esa es la verdadera diferencia.»

«Es como un booster: te abre la cabeza, te hace pensar cosas que solo no hubieras llegado. Pero también te puede perder, desenfocar,
reforzar lo que ya creés sin que te des cuenta.»

Javier Azcurra, director Enjoy Punta del Este

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