Durante mucho tiempo, la oficina fue concebida como un espacio rígido y únicamente funcional. Hoy esa lógica cambió.
Las empresas empiezan a pedir espacios más cálidos, más vivibles, con una lógica menos estática y capaces de generar algo decisivo: ganas de estar ahí.
El punto de partida de nuestros proyectos es entender cómo funcionan las empresas a las que asesoramos: cuál es su identidad, cuál es su dinámica interna, cómo trabajan, cómo reciben a sus clientes y qué identidad quieren transmitir. A partir de ahí se diseña un layout muy cuidado y a medida, para llegar a un producto final bien diferenciado.
La funcionalidad sigue siendo la primera condición. Un buen layout tiene que ordenar las circulaciones, definir áreas, resolver salas de reuniones, sectores comunes y puestos de trabajo de acuerdo a las necesidades reales
de la organización. Pero hoy eso ya no alcanza. También es importante incorporar espacios de integración, cafeterías con propuestas frescas y saludables, y sectores de bienestar que pueden incluir áreas de yoga, pilates u otras actividades. La oficina tiene que construir una atmósfera coherente con la empresa y con las personas que la habitan.
Pasamos muchas horas en los lugares de trabajo, por eso me interesa pensar la oficina como un espacio que acompañe y que haga más agradable la experiencia cotidiana. El espacio comunica. Lo hace hacia adentro, con quienes trabajan todos los días, pero también hacia afuera. Un cliente que entra a una recepción o a una sala de reuniones empieza a percibir la identidad de la empresa antes de que comience la conversación. Los materiales, la iluminación, los colores, la distribución, el arte o la presencia de vegetación dicen qué tipo de organización es, qué cuida y cómo quiere relacionarse con quienes la visitan.
Hay algunos recursos que aparecen de manera transversal. Uno es la flexibilidad. Los espacios tienen que poder adaptarse a distintas dinámicas y necesidades. Otro es la naturaleza: siempre que el lugar lo permita, priorizo incorporar vegetación. Ya sea mediante patios internos integrados, sectores de descanso al aire libre o pequeños oasis verdes que oxigenan las áreas de trabajo buscando que el verde dialogue de forma natural con la luz, la textura de los materiales y los ritmos de trabajo cotidianos. Entendiendo el diseño biofílico no como un elemento decorativo, sino como una herramienta clave para mejorar la calidad del hábitat laboral. La iluminación es otro componente clave, en donde el estudio hace foco igual que la colorimetría y la elección de materiales. Ninguno debería resolverse de manera aislada. El proyecto funciona cuando todas esas decisiones construyen un conjunto armónico y coherente con la identidad de la empresa.
El arte es un pilar fundamental en nuestros proyectos. A través de la curaduría definimos la intención estética de cada ambiente, y a esto se le suma el trabajo con intervenciones site specific, donde la obra deja de ser un complemento para convertirse en una extensión directa de la arquitectura y la escala del espacio. Al concebirse desde y para el lugar, se transforma en un recurso que responde a la geometría del entorno, humaniza el ambiente y le otorga una identidad e historia irrepetibles.
A veces trabajamos con artistas para producir una obra específica para un espacio, definiendo ubicación, dimensiones y ciertos lineamientos, pero respetando siempre su libertad. En una escribanía, por ejemplo, llegamos a plantear obras realizadas con libros, buscando una asociación con lo que sucede en ese lugar. En otros casos, la empresa ya tiene obras y el trabajo consiste en reubicarlas para que recuperen protagonismo y adquieran otro sentido dentro del nuevo proyecto. Esta búsqueda de identidad es importante porque evita que las oficinas terminen pareciéndose entre sí. El objetivo no es aplicar una estética que pueda repetirse de un lugar a otro, sino diseñar para las necesidades concretas de cada organización. Cada proyecto debe tener una identidad firme y propia. A su vez, cambió la manera en que las empresas valoran este trabajo. El interiorismo ya no se percibe necesariamente como un lujo adicional. Cada vez se entiende más que funcionalidad, diseño y ejecución forman parte de una misma decisión y que trabajar con profesionales ayuda a ordenar muchas variables al mismo tiempo, acortar los procesos de decisión y llegar a un resultado consistente.
En Uruguay veo algunas oficinas con un estándar altamente competitivo y empresas que ya trabajan con pautas alineadas con lo que sucede internacionalmente, especialmente en el caso de multinacionales.
Es un avance claro y estimulante, aunque todavía queda un largo recorrido para terminar de consolidar este cambio de paradigma a nivel local.
Hay una transformación profunda: se dejó de pensar la oficina únicamente como el lugar donde hay que estar y empezamos a pensarla como un lugar en el que vale la pena estar. Cuando un espacio logra ser funcional, representar a una empresa y hacer más agradable la vida cotidiana de quienes lo usan, el diseño pasa a formar parte de la manera en que esa organización trabaja, recibe y se muestra.

