Fotografía: Leandro Méndez
La historia de Nestlé en Uruguay es la de cómo un país pequeño puede convertirse en un hub de excelencia industrial regional. Desde su planta en Canelones, la compañía no solo produce marcas profundamente arraigadas en la cultura uruguaya -Vascolet, Chaná, Bracafé, Copacabana- sino que también productos de marcas globales premium como Nescafé Gold y Starbucks.
Un dato que sorprende: Uruguay alberga la única planta de Nestlé en toda Latinoamérica autorizada para producir café tostado y molido Starbucks. En el mundo, solo existen cuatro fábricas con esta capacidad.
«Para acceder a mercados tan exigentes, nuestro equipo lidera procesos de calidad global, de mejora continua, de innovación», señala Santiago Casas, CEO de Nestlé Uruguay. «Eso habla tanto de las capacidades de nuestra gente como del entorno que Uruguay ofrece para la industria de alto valor agregado«, puntualiza.
¿Qué tiene Uruguay que justifica mantener una operación industrial durante medio siglo? Más allá de la estabilidad y el acceso regional, existe un elemento que Casas considera fundamental: la innovación: «No hablo solo de tecnología, sino de personas que se desafían a pensar distinto, que intentan hacer las cosas de otra manera y se integran a los procesos tecnológicos».
El sello «Hecho en Uruguay»
«Somos una multinacional algo distinta», reconoce el CEO de Nestlé Uruguay. «Tenemos marcas globales muy fuertes, pero también marcas locales súper potentes, con más de 100 años en el mercado uruguayo. Somos como una multinacional con muchos remaches nacionales».
Este compromiso fue reconocido en 2024 con la Licencia Marca País otorgada por Uruguay XXI, que valida que toda la cadena de valor cumple con estándares muy altos de sostenibilidad, liderazgo en gestión y capacidad exportadora. «Para Nestlé este reconocimiento tiene un valor súper estratégico», señala Casas: «Confirma que Uruguay es un entorno donde se puede operar con previsibilidad y sostener decisiones de largo plazo«.
La transformación industrial requiere más que inversión en maquinaria. Cuando Nestlé decidió convertir su operación local en un centro de exportación, realizó más de mil horas de capacitación para adaptar a sus equipos a las nuevas tecnologías de producción. Enviaron personal a España y Portugal para formarse en las plantas más avanzadas de Europa.
Seis años después, la historia dio un giro revelador: hoy es el equipo uruguayo el que capacita a personal de otras fábricas de Nestlé en el mundo. «Tenemos la responsabilidad de adaptarnos y de impactar positivamente el entorno», afirma Casas. «Todo eso fortalece la industria nacional y el concepto de ‘fabricado en Uruguay'».
Potenciar la productividad
Casas es directo: «El desafío más grande es la competitividad. Con una escala determinada, tenemos que potenciar la productividad para salir al mundo y competir. Esto nos obliga a operar con más eficiencia, más innovación, más tecnología». Entiende que se trata de un reto que debe transitarse en conjunto entre el sector público y privado. «Siempre he recibido muy buena apertura para discutir todos los temas y buscar soluciones en conjunto. El país ofrece esa oportunidad», afirma.


Existe un elemento intangible que ha permitido a Nestlé navegar 50 años de cambios en Uruguay: su propósito corporativo. «Desarrollar todo el poder de los alimentos y las bebidas para mejorar la calidad de vida hoy y para las futuras generaciones», resume Casas. «Este propósito es un norte que nos permite adaptarnos a entornos cambiantes y generar impacto positivo».






