Nota GABRIELA MALVASIO
“Antes era una moda; hoy es una industria.” La frase es de José Luis Toyos, de Top Padel, pero podría firmarla cualquiera de los tres dueños de club consultados para esta nota: 2026 encuentra al pádel uruguayo en una fase distinta de crecimiento.
Gonzalo Pereira, socio de Boss Padel, la traduce en números. Señala que en Uruguay hay entre cuatro y cinco canchas de clubes cada 100.000 habitantes -sin contar edificios, hoteles ni residencias privadas-. En mercados maduros como España, Argentina, Italia o Portugal, la relación se mueve entre 17 y 40. “Uruguay está con un nivel de maduración arriba de la media.
Todavía es un mercado saludable, con lugar para expandirse, pero tampoco mucho más”, dice.
La diferencia con el boom de los 90 empieza por la cancha: el hormigón cedió lugar al césped sintético (lo que previene buena parte de las lesiones que sufrían los jugadores en los 90, explica Pereira) , las paredes son de vidrio, aumentaron los espacios techados y mejoró el equipamiento. “La gente busca comunidad y tener un día fijo que, pase lo que pase, pueda hacer deporte”, explica Pereira.
Ahora se viene una transformación que bien identifica el Global Padel Report 2026 de Playtomic y Strategy&: los clubes más desarrollados evolucionan desde la simple reserva de cancha hacia modelos centrados en experiencia, bienestar y comunidad.
Pereira cuenta que Boss Carrasco suma pilates, gimnasio, cafetería, parrillero, salas para capacitaciones, una clínica de recuperación deportiva en desarrollo y un formato que llaman Sport & Work, una especie de cowork deportivo que empresas brindan como beneficio a sus empleados: pueden trabajar un rato, jugar, ducharse y seguir el día. A futuro incorporará peluquería y servicio de manicuría.

Los clubes consultados reciben empresas que alquilanespacios durante varias horas y organizan torneos coninstructores, jueces y parrillero.
La nueva ola del padel encontró un público receptivo entre empresarios y ejecutivos. José Luis Toyos, de Top Padel, opina que “se convirtió en el nuevo golf, pero más rápido y más accesible”. En el club se realizan torneos de empresas, reuniones informales con clientes que terminan en la barra. “Lo que más me sorprende es la competitividad.
Uno pensaría que para un ejecutivo el pádel es solo un rato de esparcimiento, pero no: juegan para ganar, con la misma intensidad con la que llevan una negociación. Contratan clases particulares, arman parejas fijas, se toman en serio el ranking interno del club”, cuenta.
Para Toyos, el mercado todavía tiene margen: la demanda le sigue ganando a la oferta en los horarios pico —de 18 a 22 hs, dice, “es casi imposible conseguir cancha sin reservar con antelación”

En Indoor Padel, Juan Ciganda constata que los empresarios y altos ejecutivos juegan de mañana o al mediodía, mientras que después de las 17 aparece otro público corporativo. Cuando abrió el club, en 2019, el jugador típico tenía 40 o 45 años. Hoy calcula que el núcleo bajó a los 25-30.
Ciganda ve que Montevideo y Ciudad de la Costa yaestán llegando a un techo de oferta: si no aumenta la cantidad de jugadores al mismo ritmo, van a sobrevivir los clubes con mejores servicios.
Pereira de Boss Padel señala que el crecimiento exige disciplina. Menciona el caso de Chile, donde una expansión excesiva terminó en reestructuraciones y cierre de clubes.







