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Tras 18 años de trayectoria, Cipia inicia una nueva etapa bajo el nombre Lichtenstein – Mamán. La historia detrás del cambio
04 09, 2026
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Gabriel Mamán y Mijael Lichtenstein, directores de Lichtenstein - Mamán.

Antes de ser socios, Mijael Lichtenstein y Gabriel Mamán fueron compañeros de liceo y facultad. Sus padres eran amigos y ellos crecieron compartiendo vivencias, veranos y picados de futbol. Hay, sin embargo, un territorio en el que nunca alcanzaron un acuerdo: los Mamán son de Nacional y los Lichtenstein, de Peñarol. “Los equipos de fútbol no; los valores sí”, resume Lichtenstein.

El vínculo personal está en el origen de la compañía y es también una de las razones por las que su desarrolladora Cipia pasa ahora a llamarse Lichtenstein – Mamán.

La decisión supone explicitar una responsabilidad que siempre estuvo presente frente a clientes e inversores. “Llegamos a la mayoría de edad. Para reforzar esta relación personal, nuestro compromiso, nuestra historia de valores y nuestro legado hacia el futuro, vamos a poner nuestros apellidos en la marca”, afirma Mamán.

DE LAS FINANZAS AL LADRILLO

Lichtenstein y Mamán estudiaron Ciencias Economicas y comenzaron a trabajar juntos en PwC en 1997. En 2008 decidieron emprender en el desarrollo inmobiliario. Poco tiempo más tarde se incorporaron al equipo sus hermanos, Uri Lichtenstein y Pablo Mamán, ambos economistas.

La formación financiera de los cuatro socios definió su manera de concebir el negocio. “Veníamos del mundo de las finanzas y hablábamos el mismo idioma que los inversores: el idioma de las finanzas y de la confianza”, explica Lichtenstein.

A su formación financiera sumaron las capacidades de Estudio ZIP de los arquitectos Luis Zino y Guillermo Probst, y de la constructora Arca de la familia Parolín.

El primer proyecto fue un edificio de unas 30 unidades en la esquina de 26 de Marzo y Pereira de la Luz. “Empezamos con obras más chicas porque estábamos experimentando y aprendiendo. En el camino fuimos viendo qué funcionaba y qué no y diseñando un modelo de negocio”, reconoce Lichtenstein.

UN MODELO SELECTIVO

Con los años, CIPIA se convirtió en una desarrolladora boutique. El concepto refiere a una selección exigente de las oportunidades y a la participación directa de los socios durante todo el proceso.

Los terrenos deben reunir varias condiciones: ubicaciones de valor, superficies importantes, grandes frentes, buena visibilidad y, preferentemente, esquinas. Esa selectividad también se expresa en la concepción de cada edificio.

Productos de alta calidad constructiva con especial énfasis en el diseño, las fachadas, variedad y calidad de servicios y el cuidado de las terminaciones.

“No queremos competir por precio, queremos competir por producto” sostiene Mamán.

La firma tampoco aspira a multiplicar proyectos si eso implica perder cercanía. Los socios mantienen el contacto con inversores y compradores, participan en las decisiones de producto y siguen de cerca la evolución de cada desarrollo.

Ese involucramiento comienza incluso antes de adquirir la tierra. Los proyectos de gran escala suelen requerir la compra de varios padrones, muchas veces vinculados a historias familiares o comercios con trayectoria. “Uno tiene que entender que no está comprando solamente un terreno; también está comprando emociones”, señala Lichtenstein. “No es mandar a un abogado o presentar una oferta. Es sentarse, tomar un café y escuchar”.

En Cordón Design, por ejemplo, reunir los terrenos de una antigua confitería y el estacionamiento lindero llevó un año y medio de conversaciones. En Malvín, la operación volvió a exigir paciencia: la gran esquina donde se levantará Cuore Malvín estaba dividida en varios padrones, vinculados a una misma familia, con propietarios en Uruguay y en el exterior.

“Si hoy ponemos nuestros apellidos como marca es porque sabemos que los vamos a honrar”.

Mijael Lichtenstein, director de Lichtenstein – Mamán

UNA MARCA CON NOMBRE PROPIO

El pasaje de CIPIA a Lichtenstein – Mamán coincide con el lanzamiento de Cuore Malvín, el próximo desarrollo de la compañía y una síntesis clara de la evolución de su modelo. Ubicado en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Estanislao López, el proyecto contará con 228 apartamentos, cuatro fachadas libres y una amplia propuesta de servicios pensada para acompañar las nuevas formas de habitar Montevideo.

En ese contexto, el cambio de nombre no representa una ruptura con la historia de CIPIA, sino una nueva etapa en su forma de presentarse al mercado. Después de años de trayectoria, la compañía decide hacer visible algo que siempre estuvo en el centro de su manera de trabajar: la presencia directa de sus socios, el compromiso personal con cada proyecto y una cultura empresarial basada en la seriedad, la responsabilidad y la pasión por desarrollar productos de alta calidad.

“Si algo nos legaron nuestras familias fue la importancia de construir una reputación. El cambio de marca tiene que ver con eso: mostrar quiénes somos, ponerle nombre propio a nuestra forma de trabajar y sostener en el tiempo los valores que nos trajeron hasta acá”, resume Lichtenstein.

“No queremos competir por precio; queremos competir por producto”.

Gabriel Mamán, director de Lichtenstein – Mamán

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