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¿Vendés más pero no hay efectivo en caja? Ordenar el proceso de cobranza puede pesar tanto como expandir la facturación.
03 09, 2026
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Florencia Sorhuet al frente de Persevera

Un vendedor levanta el teléfono para llamar a un cliente. No lo llama para venderle sino para reclamarle el cobro. La conversación es incómoda, el vínculo se resiente, y la empresa está usando su recurso comercial más caro en una tarea para la que no lo contrató.

Las ventas crecen, aumenta la actividad y el optimismo se instala en la empresa. Sin embargo, cuando llega el momento de pagar impuestos, proveedores u otros compromisos, el dinero no está disponible. La contradicción desconcierta: el negocio parece funcionar mejor que nunca, pero tiene menos efectivo en caja.

Este escenario suele indicar que la cobranza no creció al mismo ritmo que la facturación, según Florencia Sorhuet, fundadora de Persevera. Los gastos variables y las obligaciones fiscales aumentaron con las ventas, pero una parte del dinero generado todavía permanece en la calle.

“Vendo más pero tengo menos efectivo disponible. Ese es el síntoma, y la raíz casi siempre está en una cobranza que no creció al mismo ritmo que la facturación”, explica.

Las señales también se manifiestan en la operación cotidiana. Nadie puede responder con certeza cuánto dinero se le debe a la empresa, desde cuándo o qué acciones se realizaron para recuperarlo. El cierre de mes es caótico: aparecen diferencias entre los registros y los ingresos bancarios, quedan facturas sin conciliar y notas de crédito pendientes de aplicar.

Sorhuet observó ese patrón durante 15 años de trabajo en estudios contables, asesorando a empresas de diferentes sectores. Aunque la cobranza tenía efectos directos sobre la liquidez y la capacidad de planificación, ocupaba un lugar marginal en las estructuras, generalmente resuelta con recursos improvisados y sin personas capacitadas.

Esa experiencia dio origen a Persevera, un servicio de tercerización integral que interviene desde el momento en que se concreta la venta. El equipo se interioriza en los acuerdos comerciales, verifica que la facturación sea correcta y gestiona el proceso hasta el cobro, la conciliación bancaria y el reporte de la información en tiempo real.

El punto de partida es una definición que modifica la forma de observar el negocio: la venta no se realiza cuando se firma el acuerdo ni cuando se emite la factura, sino cuando el dinero ingresa.

No es presión, es presencia

Profesionalizar la cobranza implica construir un proceso claro, consistente y previsible, que permita efectividad y cuidado de la relación con los clientes.

“No es presión, es presencia”, resume Sorhuet. El cliente recibe estados de cuenta periódicos, conoce con exactitud qué debe y en qué condiciones, y sabe que habrá un seguimiento inmediato si el pago no se concreta en la fecha acordada.

Antes de iniciar cualquier gestión, el equipo ordena la cartera e identifica con precisión qué se debe, desde cuándo y bajo qué condiciones. Luego contacta a cada cliente para validar la factura, confirmar que la operación existió y establecer una fecha de pago. Esa base permite distinguir las cuentas cobrables y medir la evolución posterior.

Según Sorhuet, en las empresas con las que trabaja Persevera la incobrabilidad desciende por debajo del 1%.

La tecnología cumple un papel relevante: el 80% del proceso está automatizado. Sin embargo, la evaluación no depende solamente de cuánto dinero ingresó. Persevera utiliza indicadores como el Collection Effectiveness Index (CEI), que determina qué porcentaje de lo cobrable se recuperó efectivamente durante un período, y el aging de cartera, que clasifica las cuentas según su antigüedad.

Esta distinción resulta importante en compañías en expansión. Una empresa puede cobrar más dinero que el mes anterior y, aun así, estar perdiendo eficiencia porque el volumen total por cobrar aumentó todavía más. Al mismo tiempo, la entrada constante de nuevas facturas puede ocultar deudas antiguas que pierden posibilidades de recuperación.

“Cuando una empresa cobra mal, todo el equipo lo siente.”  Florencia Sorhuet, fundadora de Persevera 

FLORENCIA SORHUET, fundadora de Persevera

Auditar para volver a crecer

En una de sus experiencias, Persevera comenzó a trabajar con una compañía que había adquirido otra empresa en funcionamiento. Antes de cobrar, auditó la cartera cliente por cliente y factura por factura. Encontró montos sin conciliar, discrepancias y un equipo  que intentaba resolver urgencias sin contar con información confiable.

El primer paso fue transparentar las cuentas, conciliar los estados y reconstruir una base común con cada cliente. A partir de ese orden, los cobros comenzaron a fluir, mejoró la relación comercial y el equipo dejó de apagar incendios.

Tercerizar la cobranza permite que las personas dedicadas a vender vuelvan a vender y que las áreas operativas se enfoquen en producir. Pero el cambio de fondo es otro: la empresa recupera claridad sobre el dinero que generó, previsibilidad para asumir compromisos y capacidad para tomar decisiones.

En ese sentido, una cobranza profesional se convierte en una pieza de la gestión financiera y en una condición para que el crecimiento comercial pueda transformarse en crecimiento sostenible.

Florencia Sorhuet y Eleana Bonnet, directora y contadora de Persevera.

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