CORPO / Opinión / IA: el riesgo de subestimar lo inevitable
09 04, 2026
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Por Álvaro Moré
Presidente en VML y Hogarth Uruguay

Cada gran cambio tecnológico viene acompañado por una reacción humana bastante predecible: la tendencia a subestimarlo. Ocurrió con internet, ocurrió con las redes sociales y hoy vuelve a ocurrir con la inteligencia artificial. La diferencia es que esta vez el cambio no solo parece más profundo, sino también mucho más rápido.

Durante los años noventa, muchos ejecutivos veían Internet como una curiosidad académica. A principios de los 2000, no faltaban quienes consideraban a las redes sociales un entretenimiento pasajero para adolescentes. La historia muestra que esas lecturas eran equivocadas. Pero incluso esos procesos, que terminaron transformando industrias completas, tardaron años en desplegar todo su impacto.

La inteligencia artificial está siguiendo otro ritmo. En pocos años pasó de ser un tema de laboratorio a convertirse en algo cotidiano para millones de personas y empresas. La velocidad de adopción es inédita. Y aun así, todavía se escucha con frecuencia la misma frase que se escuchó en otros momentos de cambio: esto está sobrevalorado.

La historia empresarial está llena de ejemplos de subestimación. Cuando Apple lanzó el iPhone en 2007, muchos líderes de la industria lo miraron con escepticismo. Ejecutivos de Blackberry sostenían que el teclado físico seguiría siendo imprescindible para el mundo corporativo. Nokia, entonces líder global en telefonía, tampoco vio en ese dispositivo una amenaza estructural. Hoy ambas compañías son recordatorios de lo costoso que puede ser no reconocer a tiempo un cambio de paradigma.

Pero este fenómeno no ocurre solo en Silicon Valley. También tiene versiones locales.

En Montevideo, durante años se subestimó el desarrollo de los centros comerciales. Cuando se inauguró Montevideo Shopping, muchos sostenían que estaba ubicado en una zona de poca circulación y que el comercio tradicional del seguiría dominando por 18 de Julio. Años más tarde se repitió el mismo argumento cuando abrió Punta Carretas Shopping. La realidad terminó siendo otra: mientras los shoppings se consolidaban como nuevos polos de actividad y hasta el día de hoy se siguen ampliando muchas galerías comerciales del centro comenzaron a vaciarse.

Desde mi oficina se ve un ejemplo muy gráfico de cómo cambia el tiempo. En Punta Carretas Shopping hay un local ocupado hoy por Renner. Pero ese edificio fue levantado hace algunos años por Blockbuster. En aquel momento parecía una apuesta sólida dentro de una industria estable: el alquiler físico de películas. Hoy ese modelo desapareció. El edificio sigue ahí, pero representa otra cosa: un recordatorio silencioso de lo rápido que pueden cambiar los hábitos de consumo.

La inteligencia artificial podría estar entrando en esa misma categoría de transformaciones que primero se discuten, luego se subestiman y finalmente se vuelven inevitables.

El mayor riesgo, entonces, no es exagerar su impacto. El mayor riesgo es repetir un patrón histórico: mirar una innovación que está cambiando las reglas del juego y asumir que todavía hay mucho tiempo para reaccionar. En los momentos de transición tecnológica, la historia suele favorecer a quienes toman en serio lo nuevo antes de que se vuelva obvio para todos.

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